27 junio, 2011

Una temporada para silbar, de Ivan Doig

Título: Una temporada para silbar |Autor: Ivan Doig | Traducción: Juan Tafur |  Editorial: Libros del Asteroide |Género: Novela | ISBN: 978-84-92663-42-2 | Páginas: 360 | Formato:  14 x 21,5 cm. | PVP: 21,95 € | Publicación: 23 de mayo de 2011

“No cocina, pero tampoco muerde”. Ese es el anuncio que el padre del protagonista y narrador de la obra ve en un periódico. Es la singular oferta de una viuda de “buenas costumbres y disposición excepcional”, que a finales de 1909 publica el anuncio en un periódico norteamericano para ofrecer sus servicios como ama de llaves. Oliver Milliron, un viudo con tres hijos que vive en Marias Coulee, un pueblo perdido en el medio del estado de Montana, que también está bastante perdido si uno lo piensa bien, decide aceptar la no muy tentadora oferta y convence a sus hijos de que Rose Llewelyn será la solución para los problemas organizativos de la granja y la casa en la que viven. En realidad la oferta no parece responder a sus principales demandas, ya que Oliver es un pésimo cocinero, y los tres muchachos solucionan los problemas alimenticios- mal que bien- durante la visita semanal a la casa de su tía.
La llegada de Rose, a la que acompaña su hermano Morrie, una especie de dandi intelectual que casa poco con las agrestes costumbres de la familia y el pueblo a la vida de los Milliron , alterará para siempre la vida de unos y otros, especialmente cuando la maestra del pueblo se fuga con un predicador y Morrie ocupa la plaza vacante. Sus peculiares métodos de enseñanza, la adaptación de los dos personajes a la vida de una comunidad rural, la aparición del cometa Halley, cuya simbólica trayectoria coincide con el descubrimiento de la vida por parte de los hermanos, y el posterior y esperable inicio de una relación entre el viudo y la institutriz son el nudo de una historia que contiene numerosos elementos autobiográficos, que Ivan Doig conduce con soltura y en
la que aparece un factor inesperado: la afición del hermano menor a los deportes, sus colecciones de cromos de boxeadores, jugadores de béisbol o atletas, permite al avispado narrador encontrar el hilo que revela los motivos secretos del traslado de los supuestos hermanos a Montana: en realidad, escapan de la justicia( y de los apostadores profesionales) cuando se descubre que el marido de Rose( un boxeador muy popular), fue asesinado tras aceptar el amaño de una pelea, asunto en el que participa su representante, que es el propio Morrie. Una vez que el padre ha dado el paso de pedirle a Rose que sea su mujer, los hermanos han de resolver el dilema de si cuentan lo que han averiguado sobre dos personas que han cambiado y van a cambiar sus vidas de forma tan radical. Tras ese eje narrativo resuelto con habilidad por Doig, aunque interrumpido por demasiadas referencias al trabajo de inspector de enseñanza del narrador, que me parecen más irrelevantes que otra cosa, “Una temporada para silbar” es una de esas obras tan habituales en la literatura norteamericana( alguna de las cuales ya publicadas en Libros del Asteroide, como las de Jetta Carton o Wallace Stegner), que cantan la belleza de los paisajes del medio Oeste, la grandiosidad de un entorno natural que condiciona y a la vez da sentido a las vidas de los que lo disfrutan y sufren a partes iguales. Un libro que cuenta la dura vida de una comunidad rural sin caer en el sentimentalismo, aunque con una evidente simpatía hacia la dureza de los protagonistas y su capacidad de adaptación al medio y en el que se contrapone hábilmente el mundo sofisticado de las grandes ciudades americanas de principios del siglo XX con los estados rurales del interior del país. Novela llena de matices y un notable sentido del humor, “Una temporada para silbar” es la primera obra que veo publicada en español de este escritor, para mí totalmente desconocido, y del que hay que aguardar que podamos leer pronto otras, especialmente la “Trilogía MacCaskill” y “Ride with Me, Mariah Montana”, uno más de una tradición narrativa-la norteamericana- llena de matices y a la vez inagotable .

Primeros capítulos aquí.

Crítica: Tomás Rubial