22 agosto, 2011

Luchas de poder en una noche de verano


Antes de ir a dormir, como casi todas las noches, le gustaba salir al jardín y quedarse en medio del césped mirando bien arriba, justo hasta las estrellas. Eso la hacía sentir tan pequeñita, tan vulnerable; allí sola en medio de la oscuridad, el poderoso universo la quería atrapar y llevar con él.
Fue entonces cuando algo la saco de su abducción, el reflejo de una luz en la planta de arriba y un leve sonido familiar en la lejanía. Era él en su “retiro”, y el sonido era el del teclado del ordenador, para ella “la llamada de la selva”, la campana del perro de Paulov, tirón imposible de controlar que la dirigió hacia las escaleras; pero sin prisas, porque no quería llegar ahogaba, y además su presa ya no tenía escapatoria posible.
Allí estaba él, a media luz ensimismado en la pantalla, vistiendo esas calzonas pasadas de moda a las que había cogido tanto cariño; con el torso al aire y el pelo aún mojado por la ducha.
Se acercó con sigilo por detrás abrazando con ambas manos sus pectorales, al tiempo que le besaba con suavidad el cuello para apaciguar un poco el sobresalto recibido.
Y apenas recuperado del factor sorpresa, apartó el maldito teclado, como la que aparta una dura competencia a la que había que ganar por la mano, ocupando su lugar sobre la mesa, improvisado campo de batalla con victoria asegurada.

Texto: Ailema del Revés
Narración: La Voz silenciosa
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