04 septiembre, 2011

La vida B. de D. Atilano


A D. Atilano no le gustaba su vida. Él no gustaba a quienes le rodeaban. Todos los días se dirigía a su trabajo en el banco, llegaba puntual y cumplía escrupulosamente sus obligaciones. Sus compañeros apenas si intercambiaban con él algún que otro comentario trivial, sobre el tiempo, el volumen de trabajo y poco más, si alguna vez se animaba a compartir la cervecita de los viernes se sentía fuera de lugar, sus palabras eran insustanciales e inoportunas, su presencia postiza y pesada.
En casa su vida cambiaba bien poco, vivía con su madre y ambos eran de pocas palabras, sus silencios eran tan espesos que cualquier sonido temía sumergirse en ellos.
Pero Atilano tenía una gran pasión: era fan de la música de los 60, y en internet encontró un modo de vivirla y compartirla sin que su gesto -entre el enfado y el asco- y su tono de voz -apenas audible- le hicieran invisible.
Su blog fue creciendo y creciendo gracias a sus exclusivas aportaciones, tenía ya un nutrido grupo de seguidores, en su perfil D. Atilano aparecía con un aspecto juvenil y desenfadado en una de las pocas fotografías que tenía sonriendo, el photoshop hizo el resto.
Su vida B era perfecta; allí era alguien, tenía seguidores que admiraban sus conocimientos y aplaudían su ingenio, su popularidad fue creciendo, quisieron conocerle. D. Atilano, horrorizado, no volvió a conectarse y su carácter se agrió aún más, fue cosechando antipatías y rechazos nuevos en su día a día.
Pronto encontró una salida, también era amante y profundo conocedor del cine de los 60; nueva identidad, nuevo blog, nuevo y seductor perfil. A partir de las cinco de la tarde a golpe de tecla, su nueva vida B mitigaba la soledad y el vacío de su rutinaria existencia.
Texto: Yolanda Nava Miguélez
Texto: La Voz Silenciosa

9 comentarios:

  1. Es terrible esa necesidad de no poder mostrarse tal y como uno es.
    De un modo u otro, todos tenemos esa vida de cara B., claro que no tan extrema... espero...
    Me ha gustado, Yolanda

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  2. La otra cara de las relaciones. Aquellas basadas en el anonimato tras el velo de las nuevas tecnologías. La cara B. Buen texto, Yolanda. Muy bien escrito. Da que pensar.

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  3. ¡Cuántos D. Atilano existen en este mundo B! A veces me pregunto qué ocurre, o qué ha ocurrido para que las verdaderas pasiones de cada quien, ésas por las que uno puede mostrarse tal cual.
    Por ver el lado positivo, aunque sea una máscara, durante esa mitad del día en que era verdaderamente él, era feliz.

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  4. Cuántos así se esconden tras los blogs, parapetos para personas solitarias, hurañas, necesitadas de estima y cariño. Pero, fíjate, Yolanda, creo que el verdadero carácter se transparenta antes o después en el mismo blog, a no ser que se huya, como hizo Don Atiliano.
    Saludos afectuosos.

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  5. Estoy de acuerdo contigo Isabel, al final siempre sale lo que somos, da igual el medio a través del que te muestres, salvando, claro está, algunas excepciones. Gracias a todos por vuestros comentarios.

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  6. Me gusta mucho, Yolanda, y espero que tu cara A sea tan interesante como la que muestras en la B a través de tus relatos.

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  7. Relato triate pero al parecer real. Te deseo lo mismo que Lu, que ambas caras sean tan divertidas e interesantes como tus relatos.

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  8. Lucrecia y Malén: gracias. Lu, sabes que estoy por aquí gracias a ti y eso lo tengo siempre presente. Gracias por vuestro comentarios, intentaré seguir vuestra estela dignamente.

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