16 septiembre, 2011

Los insectos dorados

Próximo el ocaso, caminaba en dirección a su casa distrayéndose con el sonido de sus pasos que se imponía sobre todo lo demás. A punto de girar para salir del lugar, distinguió entre el follaje de un arbusto un grupo de puntitos revoloteando sin ton ni son. Se desvío del sendero para averiguar, se detuvo a unos centímetros del arbusto y busco con la mirada. No tardo en quedar atrapado por el espectáculo…

Se dio cuenta que los puntitos gravitaban unos en torno a otros, se movían sinuosamente, alterando el ritmo cada tanto. Le pareció, luego de un dilatado examen, que había un orden, una especie de progresión de movimientos, como los de una coreografía; claro que, no sabía si se trataba de un proceso que avanzaba del caos al orden, o una constante que solo ahora era evidente. Cuando las sombras comenzaron a alargarse tomándose el lugar, los puntitos se detuvieron y luego se encendieron poco a poco hasta brillar como pequeños soles. Seguidamente se apagaron fundiéndose con la oscuridad, que para entonces, ya era total.

Texto: Marian Alefes Silva