28 noviembre, 2011

Nochebuena

Leonardo salió de casa despacio, se encaminó al supermercado de la esquina dispuesto a hacer un extraordinario despilfarro: gastar lo poco que tenía para cenar algo decente el día de Nochebuena. El pequeño local estaba abarrotado de clientes en busca del último detalle para adornar su mesa. No se percibía la excitación de otros años, la crisis había acabado con la alegría de mucha gente.
Volvió a su casa, rebusco algo de energía, que tenía congelada desde hacía mucho tiempo, para sacar un pollo de su envoltura y meterlo en el horno con un poco de aceite y un buen chorreón de vino blanco. Más tarde se sentó a la mesa y comió con parsimonia mirando atontado el programa de la uno y bebiendo a pequeños sorbos el resto del vino. Después se quedó durmiendo en el sofá. Su cuerpo maltrecho expiró justo cuando las campanadas de la iglesia cercana dieron las doce.

Texto: Lucrecia Hoyos Piqueras
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