30 noviembre, 2011

Otra Navidad

Anoche soñé con otra Navidad. No sabría decir si mejor o peor, pero seguro que distinta a la que estaba acostumbrado a vivir. Mientras me desperezaba, recordé que en mi sueño era Nochebuena, pero ya no nevaba… ni siquiera tenías sensación de frío al caminar por la calle. Una calle con pocos adornos navideños, bastantes comercios cerrados y una martilleante banda sonora de villancicos en forma de rap. La apresurada gente que la transitaba, por lo general taciturna y malencarada, había perdido la costumbre de saludarse con un ¡Felices Fiestas! y lo que ahora estaba in era enviar un mail con un Powerpoint de Santa Claus bailando el Waka-Waka en calzoncillos, o colgar en tu muro de Facebook una felicitación 2.0 insulsa y fría. En consecuencia, el cartero había aligerado su carga diaria: ya no repartía christmas navideños, pues ya nadie recordaba la entrañable costumbre de felicitar las fiestas mediante las postales enviadas por correo.
En esta Navidad tan extraña, las cestas con las que

las empresas agasajaban a sus empleados habían sido sustituidas por un bolígrafo y un llavero; los niños ya no montaban belenes en sus casas, aunque tenían algo parecido a un abeto de diseño en el que no se podían colgar los adornos. Además, las palabras aguinaldo y zambomba habían sido eliminadas del diccionario por falta de uso. En la web arrasaba una novedosa aplicación para el iPad llamada “Orejones y polvorones” y Papá Nöel había adelgazado y ya no traía juguetes: la crisis lo había convertido en trabajador a tiempo parcial en una gran superficie, transformando turrón blando, ya descatalogado, en “Esencia gourmet de delicias navideñas”, algo abstracto que se vendía más y a un precio más caro.
Recordé que en mi sueño, la cena de Nochebuena ya no se realizaba en familia, con cuñados y demás fauna empeorando tu úlcera. Estaba mejor visto disfrutar de la misma en un restaurante, degustando como menú “chupito de besugo, pavo relleno deconstruido y mazapán en texturas”. Al salir, todavía con hambre, ya no se podía acudir a la Misa del Gallo: había sido suprimida por un drástico descenso en el número de asistentes. En su lugar, carpas al aire libre, con música dance y almendrados de diseño, para hacer más llevadera la madrugada.
Menos mal que solo fue un sueño. El próximo año tengo que beber menos cava: creo que las burbujas no me sientan del todo bien. Espero que los Reyes Magos me traigan todo lo que les he pedido, aunque no estoy seguro de que hayan recibido mi wassap…

Texto: Miguel Ángel Díaz