25 noviembre, 2011

Por fin, Felices Fiestas

Nunca olvidaré las navidades de 1989. Se cumplieron mis deseos. Los reyes (mi madre) nos trajeron el regalo más preciado. A mí me tocó la mano derecha, con la que él golpeaba con fruición mi cogote; Luis recibió la mano izquierda, con la que papá acariciaba a escondidas su sexo; a María la aguardaba su pierna izquierda, pierna que terminaba en el pie que se incrustaba en sus costillas si papi no recibía la respuesta adecuada, y Lucía, la más pequeña,sonrío al desenvolver el pie derecho con el que él borraba su sonrisa de bobalicona. Pero el mejor regalo le correspondió a mi mamá. Sí, es lo que pensáis, sí, le tocó su cabeza.Aquella cabeza con ojos de mirada terrible, con aquella boca de insultos sin fin, de mordiscos, de lengua áspera que limaba su piel hasta hacerla sangrar. D! esde ese día fuimos,por fin,una familia feliz. El día 6 de enero completamos el cuerpo en su sillón preferido. Y desde entonces, cada festividad, lo sacamos como al resto de los adornos que decoran la tranquilidad de nuestra casa. Y,aunque ha menguado y ya no es el mismo, es el preferido por todos.
Texto: Ana Crespo Tudela 
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