30 noviembre, 2011

Salpimentando la vida

Entre sábanas revueltas y mojadas no cesaba de acunarla entre sus brazos. El fuego de sus cuerpos se había consumido como nunca en esa noche. Andrés lloraba impotente mientras se balanceaba abrazado a María. "Siempre decías que había que salpimentar la vida para que pareciera fuegos artificiales". En el suelo restos de papel de colores y la última pastilla de éxtasis, olvidada de la ajetreada noche, daban fe de que el condimento había sido excesivo. 
Texto: Chelo Roldán