11 noviembre, 2011

Tránsito


Y la música sigue sonando. Con los ojos cerrados se oyen los sonidos del silencio. No puede evitarlo las palabras martillean sus pensamientos, le traen constantes y fugaces imágenes de lo vivido.
En su torre no hay nadie; solo él, está demasiado aislado para compartir. La última vez que rió fue hace tanto que ha olvidado cómo se movían los músculos de la cara. Ahora, lo intenta pero el rictus producido por tantos sinsabores está presente.
Sólo tiene una ventana por la que mirar al exterior, a ella se asoma todos los días, inspira y aspira el aire fresco que se balancea sobre las palpitantes horas en las que está instalado; viendo cómo pasan, cómo se alargan con la elasticidad de un tiempo que apenas existe. En su cabeza revolotean las ideas de ida y vuelta. Los días felices quedaron para el recuerdo al final del trayecto recorrido.
Texto: Carmen Martínez Marín
Narración: La Voz Silenciosa