05 diciembre, 2011

Aquí nunca nieva

Se pasó toda la semana comprando hortalizas, frutas de temporada, verduras y frutos secos. Los fue guardando en la despensa. No quería que le faltara de nada. Dejó para el último día ir a la chocolatería “La Gran tableta” todos eran golosos y por qué no iba ella a endulzar la noche. 
-¿Mamá qué llevamos?
- Nada, nada. Lo tengo todo preparado.
- Suegra, he pensado en llevar pato. ¿Qué te parece?
- No, querida, no pienses… Ya está todo pensado.
Así, cada día llamaban y proponían distintos menús que ella deshacía en el mismo momento. Todos se iban conformando –sus ocupaciones les tenían muy atareados- de la misma manera que siempre. Ya tenía un plan, como todos los años, este sería algo sorprendente pero sería su plan, su cena, en su mesa, en su casa.
-Mamá, yo llevaré flores. Le dijo el pequeño que estaba fuera.
Cuando llegó la Nochebuena todo estuvo preparado: la gran mesa adornada con ramos de hojas y flores verdes. Las copas llenas de agua. Los frutos secos en los platillos de aperitivo. Fuentes con ensaladas variadas, donde
destacan los tomates rojos sobre el verde variado de las lechugas. Platos con verduras cocidas, rehogadas, croquetas de tonos verdosos y, en medio un gran frutero lleno de ricas piezas que resplandecían por su colorido atractivo. 
Sonó un gran, oh,oh,ohhh… a modo de villancicos. Los ojos destellaban miradas doradas de exclamación. No hacían falta las velas, ni el árbol. Ya había suficiente verde; la mesa brillaba como una esmeralda. 
Violeta se sentó enfrente de su marido y todos alrededor, ocuparon su sitio. El silencio era tan expectante como las viandas. De fondo, una música suave que traía y llevaba sones de jazz con aromas sugestivos. El televisor apagado.
-Podemos empezar. Dijo Violeta con voz firme y mirada pícara.
Ante la interrogante cara de los comensales, le hizo un gesto a Gerardo su marido y volvió a tomar la palabra:
-Estas serán unas Navidades verdes…Aquí nunca nieva.
Arrancando una gran sonrisa todos alzaron el fino cristal, comieron y hablaron hasta altas horas de la madrugada –algo que no hacían durante mucho tiempo- fue entonces cuando sacó una gran bandeja de chocolates “La Gran Tableta” para endulzar aquella noche que, sería como cada año, distinta.
La cena verde fue un éxito: Violeta y Gerardo todavía siguen desternillándose.
Texto: Carmen Martínez Marín
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