05 diciembre, 2011

El niño

La megafonía no cesaba de trasmitir las mismas noticias de Santa Claus. Él lo conocía como Papá Noel. Era centro de atención para el mundo entero.
La radio del autobús donde viajaba, repetía que él, y su hijo, destinado a sucederle, tenían sometidos más de trescientos años a los niños. La radio, ofrecía cifras de más del sesenta por ciento de dependencia, incluso en niños que vivían en sus países en la pobreza, como él mismo. La radio no callaba. También hablaba de apagón informático. Excitado, volvió a escucharlo una vez tras otra. Cinco días de apagón, no podía ser.
Cómo iba a salir su madre de casa para recibirlo con ese apagón ¡si Papa Noel había caído, la Nochebuena también!
Imposible no escuchar el altavoz. En su cabeza, miedos. No iba a obligar a su madre a salir a la calle en medio de un apagón así, en una ciudad a oscuras. De repente perdió el deseo de llegar, no había luz, y no había regalos para él.
Preocupado por el apagón informático, no deseaba poner los pies en un suelo con tanta oscuridad, pero el niño ya había llegado, estaba allí, contemplaba la luz en la mirada de su madre, había luz y su madre lo miraba, lo miraba, como…como si le quisiera… advertir. Advertirle si… ¡de qué¡
La velocidad del coche oficial no se redujo cuando llegó a su altura. Lo atropelló. Cayó sin dejar de mirar la luz en el rostro de su madre.

Texto: Calamanda Nevado Cerro
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