06 diciembre, 2011

Margarita

Margarita tiene citadas tres personas para la tarde. En Navidades, a pesar de la crisis o quizás gracias a ella, no da a basto y la agenda está repleta. Sus servicios son requeridos, siempre con urgencia y una gran dosis de angustia, por personas cuya existencia ha sido invadida por la desesperanza, la duda, la ruina o el desamor, en un último intento de buscar soluciones que el mercado y la naturaleza no ofrecen. 

¡Cuántas Navidades recuerda! Felices con sus cuatro hijos hasta que el pequeño, Pedrito, se sumergió de lleno en el oscuro y tortuosos mundo de las drogas; durante años, la zozobra de no saber si llegaría o en qué estado lo haría, amargó los turrones y puso sordina a los villancicos. Los otros tres cumplieron con la norma, le dieron nietos y con ellos de nuevo risas, ingenuidad y al cabo la recuperación del hijo descarriado que logró rehabilitarse por completo. La nueva etapa gozosa terminó hace poco, cuando la hija mayor se fue de la mano de un cáncer de mama, acompañada a los pocos meses por su hermano, Pedrito, el hijo pródigo recuperado, que apareció muerto en casa un día de

otoño por la mañana. Pero ¿a qué revivir el dolor? Margarita arrincona estos pensamientos en el fondo de la memoria y comienza a prepararse pues las visitas llegarán en un rato.

No tiene muy claro cuando descubrió su capacidad para escuchar e intuir, incluso sin palabras, (los gestos y las miradas son tan elocuentes…) qué sentían, qué esperaban, qué temían o qué deseaban los demás. Sin saber muy bien cómo interpretar su gran sensibilidad, llegó a la conclusión de que tenía “poderes” y tras varias experiencias positivas decidió a usarlos en beneficio propio y ajeno. Hizo cursos acelerados de técnicas adivinatorias y rituales para hacer creíble y vendible su arte: cartomancia, tarot, quiromancia, magia blanca y jaculatorias; aprendió el uso de objetos que favorecieran la concentración y arroparan su don y empezó a cobrar por dedicar tiempo y capacidad a descubrir el pasado, adivinar el futuro y dar consejos. Instaló un “consultorio de adivinación” en el rinconcito más agradable y luminoso de su apartamento y, gracias al boca a boca, hoy día, solicitada y respetada, es considerada la mejor “bruja” de la región! . 

Mujer del siglo XX, católica, creyente y practicante, atribuye sus dotes a un regalo del cielo; no es consciente de que, los que buscan ayuda, cuentan sus apuros sin querer, con medias palabras, con gestos y silencios que algunos seres, como ella, saben leer. Posee también la capacidad de comunicar cómo abrir los ojos a expectativas amables, de adelantar buenas noticias o de dar claves para mirar qué se puede lograr y qué es preferible olvidar. Experta conocedora del lenguaje apropiado para cada persona y necesidad, es capaz de disminuir la desesperanza y favorecer que el camino real sea más parecido al deseado. Los aderezos: velas, inciensos, luz tenue, baraja española -reyes, caballos, sotas, oros, espadas, copas y bastos-, tarot -menos casero, más exquisito-, son el soporte visual que facilita la comprensión del mensaje. Para mentes muy dispersas propone pequeñas tareas -encender una vela en fecha exacta o poner una foto del ser amado rodeada de rosas roj! as- que, cual terapia ocupacional, entretienen la cabeza y ocupan las manos.

Después de tantos años sabedora de su bien hacer, ha elegido una nueva manera de pasar las fiestas del “Merry Christmas”: esmerarse en su arte de ofrecer ilusiones a cuantas personas la reclaman. Así ha logrado anestesiar su dolor y, haciendo caso omiso de luces, canciones, abetos relucientes, papasnoeles o cabalgatas, durante más de un mes su cara y su casa resplandecen. 

En breve llegará María, clienta conocida; entrará llorando y saldrá con las manos llenas de proyectos para el próximo año pues la baraja se encargará de mostrarle oros, copas y algún que otro caballo (con su jinete) a la vuelta de la esquina. Después tendrá que concentrarse especialmente con Jesús que la visita por primera vez. A última hora espera a Paquita, una anciana con poco que hacer a quien le resultan muy útiles los prolijos, enrevesados e inocentes rituales, escritos con letras grandes en un delicado papel con olor a rosas. 

Navidad mágica. La bruja siembra ilusiones y siega torturas, sobre todo las suyas.



Texto: Ángeles Hernández Encinas
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