18 enero, 2012

Eros equivocado


Incluido en el libro TresdeTres, relatos I
Érase una vez un hombre llamado Albinus, que vivía en Berlín, Alemania. Era rico, respetable, feliz. Un día abandonó a su mujer por una amante joven; amó, no fue amado; y su vida acabó en un desastre (1).

Érase una vez una mujer, esposa de Albinus, que vivía en Berlín, Alemania. Era elegante, dulce madre, hermosa, de mirada profunda. Entregada a la felicidad de su familia, sometió su verdad a la mentira de su entorno. Un día su marido la abandonó por una amante joven; odió, perdonó; quiso ganar el futuro; batalló con la sociedad y sus prejuicios; encontró la ilusión; y a su muerte fue admirada.

Érase una vez otra mujer, llamada Tara, que vivía en Berlín, Alemania; era fría, dulcemente fría, angustiosamente bella, de palabras sedosas y caricias sumergidas… Buscaba lo imposible, cuando encontró la suerte oscura de su lado y corrió a jugarse la vida en un solo envite. Un día huyó con un hombre casado, padre de cuatro hijos, querido por su familia y en su barrio; amó, gozó de la pasión y el encanto; olvidó la vida en los brazos de su amante; se fundió con él en un corazón de viento y entregaron su realidad a los fantasmas; sufrió; y en su entierro estuvo sola.

Érase una vez el amor, variante de dicha y desgracia, que
vivía en las almas de tres seres desconocidos. Jugaba al escondite detrás de cada máscara, irrepetible en cada rostro, pétrea la primera, tierna la segunda, ligera la tercera. Quería cambiar los amarres con cada tentación y porfió hasta lograr que una de ellas fue capaz de vencer a otra. Un día consiguió colarse tras la fortaleza y desde la retaguardia causó estragos a la paz. El amor se volvió loco entre las apariencias porque no supo buscar la diferencia entre las caras y las caretas, fingió la satisfacción por estar dando la fortuna, quiso apostar al azar para crear vida nueva... El amor caminó por las largas esperas de lo inesperado para inventar la imagen de la felicidad; fracasó, quiso volver; y se perdió; retrocedió, pero no supo mirar atrás; se marchó pensando en la ilusión de otra primera vez.

(1) el primer párrafo corresponde al comienzo de la novela de Nabokov "Risa en el oscuridad"


Texto: José Antinio Prades
Narración. La Voz Silenciosa