20 enero, 2012

Poor people

Tres siglos de savia azul por su árbol genealógico avalaban el escudo de armas de su vieja casona de tres pisos en la calle del Agua, como él llamaba a Nava y Grimón. Allí, muy cerca del Palacio de Nava y el Casino lagunero, contemplaba el devenir del populacho Don Leopoldo de las Casas, marqués de La Laguna Seca. Sentado en el descansillo de madera bajo el gran ventanal, no se perdía “una”… una vez que usurpó este sitio a su difunta esposa, que en paz descanse.
-¡Qué noveleros son los laguneros, Sebastian -le indicó a su fiel sirviente-, míralos: dos gotas de water ¡y, venga, todas las jakquets unisex a salir de los armarios. Pobre gente. Poor people!
-¡Qué bueno es su inglés, Señor… excelente -apuntilló el criado estirándose las puntas de su chaleco.
-Guárdate el peloteo, garçon… y dime una cosa: ¿Qué es esa cola de gente que llega hasta Cáritas Diocesana? ¿Acaso han sacado otra vez a la monjita del convento?
-Me temo que
no es eso, Señor…
-Entonces, ya sé… me espera otra “Noche en blanco” que me la pasaré sin pegar ojo… Jodidos laguneros, mira que son noveleros…
-No, Señor, en realidad se trata de la cola del Paro que, partiendo del INEM llega hasta la puerta de Cáritas. Se ha hecho como medida preventiva este año.., por si al último parado le da un desmayo… y allí mismo lo recogen… 400 €, Señor…
-¡Pobre gente… Poor people!... La culpa es del PSOE, tránsfugas y chaqueteros! Menos mal que nosotros nos mantenemos firmes y fieles a nuestros ideales... ¡nunca cambiamos!, seguimos siendo siempre  los mismos ricos. Auténticos… jo…jo…jo, -rió el viejo a punto de ahogarse, pero sin soltar el Krüjer de sus artríticos dedos, que fueron al encuentro de la prensa del día:
-¡Mira aquí Sebastian, en la página de Sucesos:
-“Indiferente, y dejado de la mano de Dios, muere de frío, ahogado”… El pobre.
Sebastian, sabedor de los déficits académicos del viejo y, últimamente visuales, se acercó con recato a las páginas:
-Si me permite, Señor, me parece que se ha cometido un ligero error. En realidad, dice: “Indigente, dejado de la mano de Dios, muere de frío en el Juzgado”.
-¡Qué injusticia, qué injusticia!, reaccionó el marqués con indignación… Qué aberración se cometió con el adefesio de esos Juzgados nuevos…
-Señor, el indigente….
-Pobre hombre, poor peoble -exclamó D. Leopoldo, dando un giro total a la conversación y a su campo visual que ahora se fue tras los pasos de una muchacha que bajaba hacia la calle Consistorio.
-¡Mira, Sebastian, ¿no es aquella Sole, la nieta de María?
-Efectivamente, Señor, tiene usted una vista de lince…
-¡Dónde irá ese alma con tacones que se lleva el diablo… con esa faldita y esos andares… ¡Cómo me acuerdo ahora de su abuela! Claro que eran otros tiempos, cuando yo iba a la Catedral cada domingo sólo para cogerle la mano al decir el cura “Mi paz os dejo, mi paz os doy, daos fraternalmente la paz”…
¡Cómo siento aún el cálido tacto de sus frágiles manos debajo de sus calados guantes negros! -Adiós, doña María… -Adiós don Leopoldo… y a esperar otros siete días!
-Es usted un poeta, Señor… hasta le ha salido un pareado. ¿Sabe?, yo también quiero ser escritor.
-¿Cómo dices? ¿Tú? ¿Es que ya estuviste otra vez sacándole brillo al mueble bar? ¿Y esas ínfulas ahora?…
-Pues desde que vi la película “The Writer”, sí Señor, quiero ser escritor…
-¿Y desde cuándo te gusta a ti escribir, Espronceda?
-“Yo no he dicho que me gustara escribir, Señor, pero desde que vi aquella cola de muchachas, con el librito en la mano y todas en fila, esperando ansiosamente a que el “The Writer” les escribiera unas palabritas de amor como dedicatoria de su libro, ya no me quedaron más dudas…
-¡Puñetero gen! -dijo el marqués-Igualito que tu padre…, mientras él estuvo a mi servicio no se nos guareció una criada en la casa…
-Se equivoca Vd., Señor, yo no voy por ahí… Yo lo que quiero es tener éxito. Y si me llega algún día, ser un Señor, como Vd. Un personaje lagunero, distinguido y respetado escritor; eso sí, con un clavel en la solapa… y cuando llegue al Umbral de Paco… ser como el mismo Gala, con un bastón como el suyo, Señor, ese de cuando sale Vd. en procesión…, un bastón que soporte la estúpida e insoportable levedad de mi no-ser.
-!Pobre hombre, poor people! -Dio por zanjado el asunto el marqués.

Texto: Roberto Cossio