08 febrero, 2012

Gelatina


Mil historias se estampan una detrás de otra contra el retrovisor de mis recuerdos.
Siempre conectan con ese latido sórdido y frío que comienza en los oídos y contagia cada circunvolución de mi cerebro, como el temblor de una mano anciana dejando caer en cada movimiento una imagen en mi memoria.
La primera frase hiriente que salió de tu boca convirtió en gelatina mi deseo, licuó mi cerebro y apagó las conexiones entre mi masa gris y mi sexo.
Tus ojos ausentes, desviados, inventan asombro y despiertan dudas, esas que en soledad rompen el llanto, un llanto inconsciente, doloroso, sordo, hinchado como mis párpados.
La espalda que se hizo habitual en el desierto de cada noche, desvela que el cuerpo desnudo que me quitaba el sueño no tenía tu piel, ni tu energía, ni tus ganas, ni tu aliento.
El vacío ignorante. Nada de lo inventado te devuelve y el calor de mi cabeza hierve, derrite el futuro, cubriendo de resignación la impotencia.
Hoy mis neuronas, el conjunto de células eléctricas, se han fundido, han explosionado en cadena, han descargado el latido más grande y doloroso.
Hoy te has ido...
Texto: Inma Vinuesa
Narración: La Voz Silenciosa