14 marzo, 2012

El discurso


Accedió a la tribuna y, colocando delante de él un pequeño reloj de arena, lo volteó diciendo:
- Señoras, señores: cuando caiga el último grano habrán pasado cinco minutos, tiempo suficiente para poder agotar las cuatrocientas palabras que me han sido impuestas como tope para participar ; intentaré, pues, extractar mi discurso.
"Los usos de la lengua" es el lema genérico de este foro que ha estimulado las disertaciones de mis predecesores aquí. Ellos les habrán iluminado en este asunto mucho más de lo que yo pueda hacer ahora con tal brevedad. No obstante les comentaré algo sobre "El habla políticamente correcta y los eufemismos", sin entrar en excesivas elucubraciones ni vastas teorías, pues me acosa el contador de palabras y además, la arena del reloj, inclemente, cae sin cesar. Me limitaré, pues, a daros un par de ejemplos sobre este asunto que me hubiese gustado tratar con más extensión.
En ocasiones, forzamos el lenguaje con el fin de hacerlo "políticamente correcto" llegando a extremos que producen hilaridad; os ruego que recordéis aquella desafortunada frase : "jóvenes y jóvenas", ó esta otra mas reciente : "miembros y miembras". El loable feminismo no debiera degradar la lengua para hacerse valer.
Sucede lo mismo con el tema racial; habréis oído la expresión "personas de color" para aludir a las de raza negra, ¿qué pasa, que el resto de los seres humanos carecemos de color ?
Terminemos con un ejemplo práctico : ¡usted mismo, caballero!, - le dijo a un señor bien
trajeado sentado en la primera fila -, ¿sería tan amable de contestarme a una pregunta? Si tuviese usted que hacer algo arriesgado de forma imperativa, con valor, tozudamente y pese a quien pese ¿cómo lo diría con expresión coloquial?
El hombre quedó pensativo unos instantes, luego dijo :
- Diría que tengo que hacerla "por narices" ¿no?
- He aquí, señoras y señores, un ejemplo claro de eufemismo lingüístico. Como todos ustedes saben , la expresión coloquial verdadera hubiera sido "tengo que hacerla con un par de cojones".
El auditorio retumbó unánime en carcajadas y aplausos.
- No tengamos miedo a las palabras, aunque a veces puedan sentar como un golpe. Bueno, ya estoy rozando el limite impuesto y caen los últimos granos de arena en el reloj; he de parar aquí ; François Truffaut tuvo mas tiempo para sus "Cuatrocientos golpes". Muchas gracias, buenas noches y... buena suerte.
Texto: Román Martín Martín
Narración: La Voz Silenciosa

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