23 marzo, 2012

El olor de la mentira


Mirase donde mirase, siempre estaba allí. El trocito de carne rosa desenfocada que veía entre sus dos ojos, era una constante en su vida.

Su oficio llegó hasta él, como llegan las grandes cosas, por casualidad.
Siempre había tenido la extraña capacidad de oler el fuego antes que el humo, de conocer los ingredientes de un plato por su olor sin haberlo saboreado, de saber el tiempo que iba a hacer cada día sin salir a la terraza a comprobarlo y eso se debía, a su enorme apéndice nasal. Una nariz de veinticuatro centímetros de base a punta, no pasaba desapercibida, no señor. Pero si además va acompañada de un olfato fuera de serie, es algo que debería tomarse en serio.
Jaime ya estaba harto de que la gente aprovechara su don para

tareas tediosas como: buscar supuestos tesoros, alianzas perdidas, mascotas extraviadas o ancianos desorientados. Un día, mientras disfrutaba de su sándwich preferido sentado en un banco del parque, escuchó a una pareja discutir. Ella quería dar por terminada la relación por falta de atracción, él lloraba desconsolado. Al instante, Jaime se dio cuenta de que ella mentía. Sin pensarlo, se dirigió hasta la pareja y dijo:
- Mientes. Llevas tres meses viéndote con tu jefe a escondidas.
- Pero oiga, ¿está usted loco? Dijo ella. No se meta en conversaciones ajenas.
- ¿Tiene pruebas de lo que está diciendo? Dijo él.
- No me hacen falta pruebas, puedo olerlo. Respondió Jaime.

Así comenzó su oficio como asesor en casos en los que la mentira jugaba un papel determinante. Ha salido en prensa y televisión, en la Audiencia Provincial le han asignado un sitio junto al juez, tiene un escaño en el congreso sin haber conseguido un solo voto, ha dejado sin trabajo a muchos detectives privados y las aseguradoras le han hecho inmensamente rico. En Bruselas se rifan sus servicios. Intentó meter su nariz en la iglesia católica pero se topó con el secreto de confesión.

Mientras doy vueltas a la tarjeta que tengo entre mis dedos, leo el título que reza: Jaime Aspiazu García “El olor de la mentira”. Hoy tengo una cita con él, voy a proponerle un negocio. Me llamo Lara, mi nariz sólo mide seis centímetros de base a punta, pero con ella soy capaz de oler el futuro.

Texto: Fernando Mifsut Lozano.
Narración: La Voz Silenciosa
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