31 marzo, 2012

Los días


Un sencillo sombrero de lana permanece en la mesita redonda de ébano, ha quedado como ornamento, como si la mesita y el sombrero hubiesen sido comprados haciendo juego. María, observa desde su ventana el puerto repleto de barcos mercantes, las primeras luces de la noche adornan la ciudad, igual que las luciérnagas en su cortejo nocturno.
 Saborea un vermut y juguetea con el borde de la copa en sus labios, el hielo del cóctel le provoca un agradable frescor.

Al rato se recuesta en la cama; la incipiente primavera es más calurosa de lo normal y decide dejar entreabierto el gran ventanal adornado de tules, que con la ligera brisa del mar, pareciesen recobrar vida en una sensual danza. Se imagina verle entrar, altivo, arrogante, viril; él de nuevo, él que regresa como los días. Le deseaba tanto, que podía sentir la levedad de sus caricias, el sabor de sus labios.
 La bocina de un pesquero la despierta, comienza un nuevo día.
Texto: Maria Estévez
Narración: La Voz Silenciosa