01 abril, 2012

El buen samaritano enfermo

Cuando por fin me armo de valor para saltar desde la ventana del hotel en el que llevo encerrado dos días, un individuo sonriente que se asoma a un balcón contiguo me dice:

-¿Por qué tanta urgencia? -No se tire hombre. Por lo menos espere hasta que escuchemos la sirena de la ambulancia que acabo de llamar. -Compréndame, -añade con un par de narices, - desde ayer soy el primero en la lista de los que esperamos un riñón.


Texto: Paloma Hidalgo Díez.
Más relatos "Con un par de narices", aquí