01 marzo, 2012

Ojos cristalinos


No podía llorar, los hombres no lloran, se lo dijeron desde niño y desde niño se tragaba las lágrimas amargas y saladas. Desde niño cerraba los ojos prohibiéndose el descuido de la pena. No existía razón para llorar, nada justificaba la angustia acuosa, la debilidad de la sinrazón. Nada permitía licencia al sentimiento, a lo desconocido e incontrolable.
Hasta que aquel golpe lo quebró por dentro, arrojó el agua contenida, anegó todo su espacio, liberando la pena encubierta, contagiando un entorno reseco, enjugando los ojos ajenos, tapando las bocas que, ahora, respiran agua.
Quedó enjuto, rehaciendo el desecho olvidado, dejando atrás el camino de hiedras que nacen al calor de su llanto.
Texto: Inma Vinuesa
Narración: La Voz Silenciosa