29 febrero, 2012

Un piso con vistas


Nuestra pasión dejó de conformarse con encuentros furtivos. Decidimos vivir juntos. Estaría sola un tiempo, hasta que le dieran el divorcio.
El piso estaba en pleno centro y rodeado de zonas verdes. Muy soleado. Amueblado a la última. Un sueño hecho realidad. Comparado con mi vieja buhardilla era un palacio. Y me convertí en la solitaria princesa que lo habitaba. Las vistas a las zonas verdes tan relajantes al principio, pronto me asquearon al no tener con quien disfrutarlas, las lujosas y hasta entonces inaccesibles tiendas, llenaban mi armario al tiempo que saciaban mi curiosidad.
Pronto mi vieja buhardilla volvió a mis sueños. Sus ajadas macetas repletas de geranios, su suelo de madera deslucida, los cánticos mañaneros de Lucía la del cuarto, el machacón sonido del fútbol cada domingo en la radio del señor José que se colaba –impúdico- por el hueco del patio..., se convirtieron en un reclamo que no podía evitar más.
Mi flamante príncipe y sus caprichosas visitas al palacio se salieron del esquema del cuento que soñé para mí. Con la maleta llena y el corazón vacío, regresé a la calidez de mi ático con vistas a la realidad.
Texto: Yolanda Nava Miguélez
Narración: La Voz Silenciosa