29 abril, 2012

Semejante


Tras pasar como cada mañana por su lado y considerarlo parte del mobiliario urbano, hoy en un arrebato le he saludado como al resto de personas con las que me encuentro a diario en mi trayecto al trabajo. Él ha levantado la vista y me ha contestado: –¡Buenos días Señor. Que tenga feliz día!–. Mi día no ha sido más feliz, pero he tenido al indigente martilleándome la cabeza. ¡Me ha devuelto el saludo como una persona más...!

Texto: Francisco Concepción Álvarez
Narración: La Voz Silenciosa