26 abril, 2012

Un día de abril


de Gonzalo Alonso Monte

Sobre la acera triste de la tarde, como ataúd de abril, yace un grito naranja, criatura de la brisa, semáforo del viento.
Un vendaval como un alfanje, te arrojó del jardín, de la arboleda mansa, donde tu vuelo grita primavera, quizá algo perezosa y triste, otoñal y alicorta.
Prosigo mi camino cabizbajo, intuyendo metáforas sangrantes en esa visión breve, como estocada en las pupilas. Mensajes nada herméticos, sobre el asesinato del futuro, imágenes muy nítidas y exactas: no hay nada más preciso que la muerte.
Demasiados cadáveres danzamos sobre andamios de hielo, sabiendo que jugamos una prórroga, aunque nuestra derrota esté firmada.
Inundamos los féretros de rabia camino de la almohada del todopoderoso banquero de la muerte, mas nuestra calavera, aún puede desgarrar tanta mentira, a pesar de morir en cada instante.
Sin embargo, en la noche de este abril oigo al mirlo bordar silbos de luz, armando un pentagrama de esperanza sobre el quicio invisible de la noche.
Texto: Amando Carabias
Narración: Susana Santamarina