28 abril, 2012

Verónica Andrea Ruscio, finalista de "Con un par de narices"

Su relato: El trato


"No puedo vivir sin escribir. Es como respirar, dormir o comer. Es una necesidad poco oportuna también. Aparece en los momentos menos propicios"


A.G.  Además de felicitarte por ser finalista en la convocatoria de relatos realizada por La Esfera Cultural "Con un par de narices", me gustaría que te presentaras ante nosotros y nos contaras algo de tu trayectoria literaria. ¿Qué relatos, libros,  has publicado y qué concursos has ganado?

V.A.R. Muchas gracias, Antonio. Estoy muy feliz por haber resultado finalista en esta convocatoria. Es un gran incentivo para mí.

Comencé a escribir de muy joven y mis primeras aspiraciones literarias me guiaron a la narrativa, a escribir cuentos y reflexiones. Con diecisiete años, resulté finalista en el concurso Veinte Jóvenes Ensayistas del Cono Sur, organizado por Ediciones Colihue, y mi ensayo, titulado «Juventud y política», fue publicado en una antología que llevó el mismo nombre.

Ese concurso me marcó profundamente. En esa época, yo debía elegir qué carrera seguir. Algunos me decían que Letras no sería una carrera rentable; otros, que debía seguir mi vocación, que solo así se podía trabajar con felicidad. Secretamente, me dije que el resultado del concurso definiría mi vida. Si ganaba, estudiaría Letras. Si no, me buscaría otra cosa. Me tenía fe y todos los días revisaba el buzón de mi casa para ver si habían llegado novedades. Un día

encontré una carta de la editorial. Sabía el resultado antes de abrirla. Ese papel definió mi vida.

A los dieciocho años, obtuve el segundo premio en la categoría adolescentes en el Concurso de Cuento Policial «Elemental, Watson!», organizado por el Colegio Horacio Watson de la ciudad de Buenos Aires.

Más tarde, sin embargo, me alejé de la narrativa y me dediqué de lleno a la poesía. No tengo libro publicado aún, pero ya está listo, esperando el momento indicado. Mientras tanto, escribo en mi blog, Diario verusciano. He participado en diferentes antologías poéticas.

Hace un tiempo, encontré el blog del narrador argentino Gabriel Bevilaqua, El elefante funambulista. Comencé a leerlo y a sentir una gran necesidad de retornar a la narrativa, sin abandonar, claro está, mi poesía de siempre. Empecé a retocar algunos textos viejos y escribí nuevos.

Y así llegué a la convocatoria "Con un par de narices" de La Esfera Cultural. Como en aquel primer concurso, este me ha marcado también. Me incentiva a seguir alimentando mi narrativa.

A.G. ¿Qué es exactamente para tí la literatura: una tarea, una ilusión, un sueño o una necesidad?


V.A.R.
Una necesidad, sin lugar a dudas. No puedo vivir sin escribir. Es como respirar, dormir o comer. Es una necesidad poco oportuna también. Aparece en los momentos menos propicios: en medio de una fiesta, en plena noche de insomnio, cuando estoy dictando clase... Me obliga a llevar un cuaderno para tomar apuntes o a memorizar palabras, frases, versos. Y para mí, que tengo mala memoria, es toda una tortura, aunque suelo divertirme y eso compensa todo.

En una ocasión, un joven poeta le preguntó a Rilke si sus versos eran buenos. Rilke le contestó que, antes de hablar sobre sus versos, era conveniente que se preguntara si podía vivir sin escribir, si escribir era una necesidad o no. Si podía vivir sin escribir, entonces no valía la pena dedicarse a la escritura. Esta respuesta de Rilke define bastante bien lo que siento con respecto a la escritura. No podría vivir sin escribir. Me volvería loca.

Es más, pedirle a un escritor que deje de escribir (por la razón que sea) es un gesto violento, es como obligarlo a un suicidio, ¿verdad? Como pedirle a una planta que deje de serlo. Es imposible.


A.G. Tu relato es una conversación, al estilo saramaguiano, que profundiza en lo humano. ¿Por qué no describes, con el estilo que caracteriza, las personas tipo que allí reflejas?

V.A.R. Es que los personajes son ficcionales. ¡Cualquier semejanza con hechos reales es mera coincidencia! Me pregunto qué personas tipo verán los lectores en mi relato...

De todas maneras, el centro del relato está en el concepto de riqueza. ¿Qué lleva a un hombre a ser rico: sus posesiones, sus ambiciones, sus virtudes? Lo bueno es que, al menos yo, viendo a los personajes, no he respondido la pregunta a favor de ninguno de los dos.


A.G.. ¿Qué crees que tienen de particular?

V.A.R. ¿Mis personajes? Bueno, su humanidad reside en saberse imperfectos. Y son absolutamente libres para forjar su destino, algo que me gusta tanto en la ficción como en la realidad.


A.G. Siempre pienso que hay una correspondencia entre el autor y el personaje, es decir, que uno aprende siempre del otro y viceversa. En ese sentido, ¿qué te ha aportado a tí enreversarte con ese tipo de creaciones y qué crees que tienen de tu interior?


V.A.R. No lo sé. Es difícil saberlo. Todo texto tiene algo del autor, es inevitable, pero considero que si el texto está bien escrito, no es necesario conocer detalles de la biografía para comprenderlo o analizarlo. Mi relato ha salido de mí, es verdad, pero ahí está y, como buena madre, le pienso dar independencia.


A.G. Magritte... ¿Y por qué Magritte? ¿Cómo se te ocurrió incluirlo en el relato? O mejor dicho... ¿por qué construiste un relato, con estos personajes, en el que apareciera un cuadro Magritte?


V.A.R. El cuadro El hijo del hombre muestra a un hombre de negocios (una figura recurrente en Magritte) al que no se le ve la cara porque tiene una manzana verde delante, y, según algunos críticos de arte, la manzana es la tentación... Ahí hay un hilo del que tirar.


A.G. Para acabar voy a rogarte que me esboces una definición de una expresión que gusta en mucho: la mirada zurda.


V.A.R. No conocía la expresión, pero me recuerda un artículo que leí hace muchos años en una revista de divulgación científica. Allí decían que, según un estudio, las personas zurdas podían jugar al tenis y resolver más rápidamente las situaciones de juego que una persona diestra. Concluían que las personas zurdas podían ser más veloces y creativas ante los problemas.


Si lo pensamos así, una mirada diestra puede ser hábil, pero una mirada zurda lo es más.



Entrevista: Antonio Guerrero