01 mayo, 2012

Mar Horno: "Timar a la muerte requiere muchas narices"

La escritora ha quedado finalista en la convocatoria "Con un par de narices" con el relato Cuaderno de campo. Aquí trataremos de conocer que existe detrás de su pluma.

La escritora Mar Horno García

A.G. Una de las cuestiones esenciales en literatura es el espíritu literario, eso implica dirigirse al objetivo como finalidad. Con eso me refiero a que participar en los certámenes siempre es algo justo y apropiado para quién quiere dedicarse a esto. ¿Qué opinas al respecto?
M.H. Los concursos son lo que son y hay que ser conscientes de ello. Pero también es cierto que ganar o quedar finalista en algún certamen de cierto prestigio y que tiene un jurado de calidad es siempre una buena carta de presentación, proporciona un reconocimiento y respalda tu trabajo. No cabe duda de que los premios literarios dan al escritor un primer impulso que
de otra forma no tendría, hace visible su literatura y lo pone en un escaparate. Al verlo así, expuesto, alguien siempre compra.
A.G¿Sueles presentarte a muchos certámenes o por el contrario es algo esporádico?
M.H.  Sí, me presento con frecuencia, aunque tampoco me obsesiona. Cuando creo que tengo algún buen texto, lo presento, o, intento escribir algo que se adecue al tema. Con el poco tiempo de que dispongo, un concurso me obliga a ponerme a escribir, a cumplir un plazo, cosa que no haría si sólo escribiera cuando me llega la inspiración. Hay concursos que son como un canto de sirena, te atrapan y te inspiran, otros, sin embargo, te abandonan en el desierto más árido .No cabe duda de que ganar alguno es un estímulo y un acicate. Nos hace creer que vamos por buen camino, que nuestras letras tienen cierta calidad, que gustan, aunque conozco magníficos escritores que no han ganado nunca ninguno. Ni falta que les hace.
A .G.  ¿Llevas mucho tiempo realizando este tipo de actividades?
M.H. Comencé de nuevo a escribir hace dos años. Siempre había escrito cuento o narración breve pero por casualidad descubrí en internet un concurso de microrrelatos (¿microrrelato, qué es eso?) cuyo tema era "Trabajar en Información y Documentación" de la Universidad de Salamanca. Me presenté y gané el primer premio. Fue mi perdición. Dos talleres de escritura creativa después y tras la apertura de un blog, ahora no sé cómo parar de escribir.
A.G. Sobre tu texto, en unas líneas... ¿podrías hacer una sinopsis?
M.H. Timar a la muerte requiere muchas narices.
A.G. He visto que es un relato inspirado en otras literaturas y en perspectivas escatológicas. Debo imaginar que un autor siempre expresa en sus obras lo que guarda en su interior, por eso me gustaría me contaras un poco tu visión del mundo y de la existencia.
M.H. Uno siempre es lo que ha leído y escribe influenciado por ello. Las lecturas que más me han marcado han sido las de mi adolescencia: los cuentos góticos y de terror, la literatura fantástica, los libros de aventuras, el realismo mágico. Ese poso siempre está ahí. El tema universal del paso del tiempo y la muerte, me obsesionan especialmente, y mis textos son una forma de conjurar mis propios miedos y fantasmas, de aceptar o de hacer natural un tema que no lo es en modo alguno.
 La no aceptación de la muerte me lleva a escribir obsesivamente sobre ella.
A.G.  Hay un mensaje que me ha gustado especialmente: engañar a la muerte. El anhelo del hombre es la inmortalidad que diría Unamuno. ¿Estas de acuerdo con eso, con que esa aspiración es posible?
M.H. Engañar a la muerte es imposible, pero sí se puede ser inmortal en la memoria de otros. Yo creo que es la única forma de inmortalidad posible. La inmortalidad física no me parece una buena idea, debe ser terríble. A pesar de todo, la vida es demasiado corta, unos cuantos años más por vivir no nos vendrían mal. Pero sin vejez, sin dolor.
A.G. Para finalizar me gustaría perdirte que me esbozaras una definición de una expresión que me gusta en exceso: la mirada zurda.
M.H. Esta expresión me recuerda un cuento mío titulado "Segundos planos", en el que el protagonista tiene una peculiaridad: ve la vida de reojo, pasa de largo por los primeros planos, por lo obvio, y aprecia de forma extrema y casi dolorosa los detalles secundarios, los pormenores de otra vida, la de detrás, los segundos planos. Podía ser ésta una mirada zurda, una mirada dislocada que pone delante de nuestros ojos lo imaginado, lo invisible, lo irreal, o quizás, también, nuestros más oscuros secretos y temores.
Por otra parte la mirada del escritor también me parece una mirada zurda, tortuosa, capaz de hacer cierto lo imaginado, y lo imposible, probable.
Entrevista: Antonio Guerrero
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