18 septiembre, 2012

Autorretrato


No soy más que un ser insondablemente sensible morando en un mundo principalmente hostil.
Por ello padezco más. Pues no soy capaz de cubrirme con una armadura de fortaleza racional, como la que usan la gran mayoría de las personas como dispositivo básico para la supervivencia mundana.

Por eso soy capaz de disfrutar de diminutos detalles, que para muchos pasan inadvertidos. Muy capaz de fijarme en todas aquellas cosas simplemente minúsculas, tan presentes, y para algunos tan corrientes y carentes de importancia. A mi me dan vitalidad, y por eso aseguro que el mundo está repleto de vida.

Puede que tenga un modo de supervivencia distinto, singular. Algo caritativo y desprendido. Soy muy capaz de amar con un corazón inusitado y de afligirme con las ausencias con brutal desgarro.

Soy honesto, y sin embargo, plenamente inseguro. Como un riachuelo, sometido siempre a

los flujos internos, de ese mundo recóndito tan feroz, tan recio e incontrolable. Como ese riachuelo que continua kilómetros sobre el terreno para después esconderse bajo la superficie durante espacios y tiempos imprecisos, y después...volver a resurgir.

Agitado, excitado y a la vez profundamente pacificador y novelero. Me gusta el amor, los buenos momentos vividos y lo salubre. Pero a veces la existencia se torna cruel y dolorosa, algo quimérica y menos vital de lo que me gustaría principalmente. Soy soñador en cuanto a sueños remotos y cabal en lo ordinario. Pero continuamente con ese punto versátil de locura, con esa espontaneidad, con ese carácter latente tras una apariencia figuradamente normal.

Todo lo veo distinto, complicado o simple, pero siempre con una magnitud nueva, menos trivial. Natural y bizarro en cuanto a argumentaciones, siempre inquiriendo la jodida verdad. Azorado, siempre instruyéndome, siempre pretendiendo percibir algo más.

Conozco a muchos y amo, de verdad, a muy pocos. Camino por el mundo aspirando a encontrar a aquellos como yo, a los humildes, a los auténticos, a los atrevidos que osan retar a su propia mente. A los que se escapan sin dudas ni complejos de los cánones implantados.

A aquellos que tienen ganas de elevarse, de crear, de existir, de disfrutar de la certeza, de aprender y de luchar...


Soy poeta, y sólo los que sean como yo, lo entenderán.

Texto: Michel Manuel Canet
Narración: La Voz Silenciosa