30 octubre, 2012

En la oscuridad


Oscuridad, millones de diminutos candiles titilan en las sombras, soledad absoluta…….. o eso crees.
Abrumador silencio a tu alrededor, tus pisadas que resquebrajan la quietud.
En medio de esa paz infinita crees escuchar un sonido lejano. Podrían ser los pensamientos que susurran en tu cerebro.
Caminas un poco de puntillas para amortiguar el ruido de los tacones y escuchar ese murmullo que parece seguirte.
Pero este continúa. Lo presientes más cercano, en el límite del cerebro, como si tus pensamientos estuvieran a punto de abandonarlo. Te detienes y aguzas el oído.
Silencio.
Sigues caminando y tus pisadas vuelven a ser lo único que resquebraja la calma.
El soplo helado de la noche te recorre la espalda.
Giras la cabeza hacia atrás. No hay nadie, no se ve nada. Estás sola… o eso crees.
Alargas el paso bien agarrada al bolso que pende del hombro. El taconeo es nervioso.
Regresa a tus oídos el susurro y el aliento helado y el sonido de los tacones al golpear con rapidez el asfalto. Miras hacia atrás.
Sigues sola, no hay nadie. Eso quieres creer.
El paso alargado y el taconeo nervioso se transforman en una repentina carrera hacia… ¿hacia dónde?
Los pies no te responden, mueves las piernas pero no avanzas.
Gritas.
Y cuando el susurro se convierte en grito, el aliento helado te aprisiona el cuello y las lágrimas no te dejan ver el camino delante de ti, te despiertas.

Texto: Elena Casero Viana
Narración: La Voz Silenciosa