12 diciembre, 2012

Angustiatardecer

Lentamente, al día se le acaban las horas. Los rayos de sol se escapan, y se llevan mi última esperanza. El atardecer, hoy me provoca angustia.
A través de la ventana, el celeste se torna anaranjado, casi fuego; cada vez más oscuro, casi noche. La abro. El vidrio opaca mi realidad. Dejo escapar mis emociones. Volando, se van. Ahora puedo sentir la levedad de mi ser flotando en aquella inmensidad. Uno tras otro cada sentimiento se rinde, y los veo partir.
Contemplo a lo lejos los tejados del barrio, añejos de vidas y recuerdos. Está atardeciendo. La brisa es canción. Los hogares tibios, los árboles vestidos de otoño; todos sus contornos comienzan a dibujarse, como bordando con tinta china un horizonte en el cielo. Un escalofrío me recorre entera en un viaje de ida y vuelta. Respiro profundo. Exhalo. Hasta quedarme vacía… y mi angustia se arrodilla ante aquella pintura, suplicándole al sol que no se esconda, rogándole al día que por favor no se termine hoy… todavía me queda mi última esperanza.

Texto: Bárbara Salama