17 diciembre, 2012

Arrebato


Gabriel Ariza a sus treinta y ocho años, vivía para los western y para Irene. En lo primero, era un especialista; en lo segundo, un sufridor. Estaba locamente enamorado de una compañera de trabajo. En silencio: su timidez le impedía lo contrario.
Gabriel llegó a la taquilla de los cines Fleta, solo, otro sábado más en sesión de noche. Como siempre, lo hacía en el último momento, cuando todos los espectadores ya aguardan impacientes el inicio de la película y su entrada pasa inadvertida.
El acomodador le guió e iluminó su butaca, la única vacía. Y en ese instante comprobó que el azar le tendía una emboscada: en la contigua, le esperaba Irene con su apestoso y nuevo novio.
Se le revolvió el estómago y a unos metros de ellos, alargó su mano derecha, extendió los dedos índice y corazón hacia delante y el pulgar arriba, y apuntándole a la sien, a lo Clint Eastwood, susurró: “El mundo se divide en dos, los que encañonan y los que cavan; el revólver lo tengo yo, así que coge la pala y… lárgate de aquí”.
Lástima que no fuera suficiente y sus piernas le flaquearan al avanzar.

Texto: David Moreno Sanz
Narración: La Voz Silenciosa