11 diciembre, 2012

El amor duele


Recibía el crepúsculo matutino sobre un espinoso rosal. Amaneció con un sol radiante golpeando su escarchado cuerpecito; la negrura había sido larga y gélida en la llanura. Uno de sus pretendientes, vistiendo su mejor gala, la rondó toda la noche, pero ella, casta y pura, se había hecho la dura. El jugar de los minutos revolotea en su traje azul, entregándole canciones al lozano día. A la distancia, emocionada, nota acercarse al esbelto chico capa negra de ojos azules, ella coquetea alebrestando sus alas. Él, parado abajo, maúlla su mejor canción y, entre laboriosos brincos, intenta llamar su atención. Ella cree en su corazón y sale de la alambrada de pinchos, revolotea y grita a la llanura su amor. El minino, compensando sus tiempos de conquista, se echa sobre una elevada roca y sus ojos detallan peripecias que ejecuta la niña con que sueñan sus fanales. Ella se aproxima más y más para demostrarle que es a él a quien quiere, se arrima casi a un salto del michino y él, indiferente, espera con paciencia. Ella, con ojos de terror, no se había percatado de que el chico grande y fuerte de anoche los acechaba; cuando dispone cantar la alarma, el galán de traje moteado, raudo, ha saltado sobre su humanidad, ¡cierra los ojos!, ¡queda oscuro!…, segundos después los abre y mira hacia abajo; mientras mantiene el vuelo contempla con profundo pesar cómo el moteado mastica a su rival. Muy triste se aleja decidida a no volverse a enamorar.

Texto: Garla Kat