31 diciembre, 2012

Fechas señaladas


Aquella tarde no tenía mejor cosa que hacer, por lo que cuando la hermosa joven se presentó en mi casa vendiendo calendarios de sobremesa en taco, dejé que me detallara, una por una, las múltiples ventajas del producto: una página para cada día del mes, números bien grandes, santos, efemérides, espacio para notas y un sorprendente reverso que escondía anécdotas, refranes y chistes. Me sentí obligado a comprar uno de sus calendarios y, en qué estaría yo pensando, a firmar una suscripción anual. De por vida.

Años después, al final del sexto taco, la mañana del 25 de diciembre, arranqué la hoja superior como tenía por costumbre. Al desprenderla me molestó comprobar que le faltaban varias hojas al calendario, de tal forma que los días saltaban directamente de la Nochebuena a la Nochevieja. No le di mayor importancia, hasta que recibí una llamada de mi hermano. De forma seca, sin saludar, me preguntó si me dignaría a compartir esa noche las uvas con la familia o si, por el contrario, volvería a darles plantón. Pensé que se trataba de una inocentada prematura. Poco después, la cabecera del periódico me sacó de mi error. Algunos pierden el mechero, otros la cartera, a mí se me habían perdido seis días de Navidad.

Corrí a comprobar el calendario del año siguiente, que ya había recibido por correo. Se me erizaron todos los vellos del cuerpo. Al séptimo taco le faltaban siete días.

Desde entonces no he dejado de recibir puntualmente, año tras año, un maldito taco cada vez más delgado. He perdido la Navidad, la Semana Santa, y parte de las vacaciones de verano. Eso sí, todo hay que decirlo, desde que perdí el día de mi cumpleaños, me conservo de maravilla.

Texto: Pedro Manuel Alonso Da Silva.

Narración: La Voz Silenciosa