17 diciembre, 2012

Poco a poco



Llamé a la puerta y el sonido retumbó en el silencio oscuro de la noche. Era tan siniestro y gris que helaba los pasos. Parecía estar esperándome. No sabía a quien acudir, ese brujo de mueca fría y descascarillada era mi última escapatoria.
Entré despacio, cubierta por una capa negra que tapaba mis vergüenzas, que escondía mis temores y encapuchaba las arrugas que resquebrajaban mi dolor.
El brujo sostenía entre los dedos una aguja larga y fina y sus destellos puntiagudos deslumbraban la tenue luz del único velón que alumbraba la choza.
Toma, me dijo, ten mucho cuidado y recuerda, hay que clavarla poco a poco en el centro del corazón. A medida que vaya penetrando en su carne irá durmiéndose profundamente hasta morir.
Un solo gesto y la aguja apareció en mis manos y mi cuerpo, arrugado y frío, se puso en
camino torturado por la angustia de mi decisión.
Mientras la apretaba, caminaba sin avanzar y me encogía para desaparecer. Entre sollozos repetía sus palabras: recuerda, poco a poco.
Sólo tenía cinco años. Años mudos, llenos de quietud y dolor, de lágrimas derramadas de impotencia, años llenos de vigilia sostenida por un cuerpo inerte.
No quise hacer ruido, entré en su habitación. Me paré en su gesto callado, respiraba lento y tiritaba con espasmos. Nada en su vida me había dado la tregua de una sonrisa.
Destapé su pecho, mis lágrimas mojaban su ombligo y la aguja titilaba entre mis dedos.
Poco a poco, me repetí, poco a poco y la aguja se coló lentamente entre sus costillas, silenciosa, empujada por sus propias carnes que parecían atraerla. El sueño se filtraba en sus párpados apesadumbrados y tristes. Ya sólo quedaba la mitad de la culpa por introducir en el pecho y sus brazos se separaron de mí, su cabeza se caía y su cuerpo se despegaba como pidiéndome permiso para irse.
Lo agarré, lo apreté con tanta fuerza que noté la otra mitad atravesándome el corazón. Una gota de sangre recorrió la aguja y otra y otra, hasta que me quedé vacía abrazada a él, compartiendo su muerte.

Texto: Inma Vinuesa
Narración: La Voz Silenciosa