16 diciembre, 2012

Sukkwan Island - David Vann



Libro: Sukkwan island
Aut: David Vann
Ediciones Alfabia
ISBN: 8493794325
PVP: 18,00 € (también disponible en
edición de bolsillo a 7,95€)
Simplemente no había entendido nada a tiempo.

Con esta frase termina Sukkwan Island, del escritor David Vann, pero para llegar hasta aquí, para llegar a comprender porqué Jim no entendió nada a tiempo, tendremos que trasladarnos con él y su hijo de trece años Roy a la isla de Sukkwan, una isla imaginaria y deshabitada de la costa de Alaska. 
Sukkwan Island es una novela que me ha marcado. Intentando encontrar un por qué me he puesto a investigar. David Vann trae del pasado una experiencia personal tremendamente cruda como es la muerte de su padre cuando él tenía trece años, y la viste de capas (como diría Vargas Llosa, como un streeptease al revés) para construirnos un relato desgarrador que profundiza en las mismas raíces de la culpa y el miedo.
El autor, ganador con esta novela del premio Médicis Francés a la mejor novela extranjera en 2010, crea un mundo que se engulle a los dos

personajes, a Jim, el padre que llega a una encrucijada tras una vida donde las infidelidades y su vida inmadura e irresponsable le han llevado a estar sentimentalmente vacío y Roy hijo de su primer matrimonio, que no reconoce ya a su padre pero al que quiere aunque no sepa muy bien cómo demostrárselo. Jim propone a Roy que le acompañe a un viaje durante unos meses, en los que los dos vivirán como colonos en una isla desierta y hostil llamada Sukkwan donde Jim ha empeñado parte de sus ahorros para comprar una cabaña con la intención empezar de nuevo. Pronto se dan cuenta de que además de un mal organizado equipaje, se han llevado las heridas del pasado, y que éstas no se curan huyendo hacia delante, sino que esos estigmas supuran, los llevamos encima y que hay que abordarlos desde la valentía para poderlos curar, y Jim carece del valor necesario.

David Vann.
El estilo de escritura de David Vann ayuda mucho a esa sensación de claustrofobia, empleando muchas veces las “y” en la narración y omitiendo puntos para no dar tiempo al respiro:

 Apilaron la madera contra el muro lateral, y cuando terminaron volvieron a mirar el pozo, y el barro que se hacía más profundo y las paredes que se hundían, y los dos miraron al cielo, hacia ese gris que no tenía profundidad ni fin, y después entraron en la cabaña

Genialidad de buen escritor. Al final ha logrado que yo, como lector, me haya sentido encerrado, sin escapatoria. Necesitaba entender qué sentían, por qué se comportaban así, qué lejanas heridas sin cicatrizar podían argumentar sus comportamientos, cómo podría yo salir de allí. 

Al final Sukkwan Island se convierte en todo un ensayo sobre la culpa, la del padre que no lo ha sabido ser, y la del hijo al que no le dejaron serlo; y la ausencia del perdón absoluto, la única medicina que cura la culpa, provoca esa arremolinada secuencia de acontecimientos que terminan por desnudar esa tremenda debilidad humana.
Es el libro más crudo que he leído, sin duda. Mucho habrá tenido que ver que David Vann nació en Alaska, en una localidad (Adak) que no tiene más de doscientos habitantes. Que Ketchikan, el pueblo donde pasó su primera infancia y que aparece también en la novela, tiene apenas 8000 habitantes, y que Sukkwan Island es un mundo no tan imaginario. Recoge algo que debió vivir y no vivió. Pero no voy a seguir contándolo. Lean. Lean y verán.