10 diciembre, 2012

Un día más


Aguardo la tarde entera deambulando esporádicamente por el departamento sin buenos resultados, algún gesto, señal, alguna pista destinada a quebrar su flojera.
Todo parecía ser otro día más en la vida de Horacio… ¿Sucederá hoy? ¿Quizás esta tarde? Preguntaba insistentemente a un cerebro estancado en algún bache del desarrollo.
Las lámparas cobraban vida a media que la luz del día desaparecía.

Discutían las paredes y el techo sobre el porvenir de este joven solitario y la culpabilidad del asunto. Se preguntaban si eran ellas que obnubilaban su visión por ser demasiado blancas, mientras que el techo retrucaba poniéndole la mochila de la culpa a sus amenazadoras grietas, destinadas a ocultar algún mal no conocido aun. En cambio el piso, que era blanco y negro, se

responsabilizaba en silencio por ser Él quien lo hipnotizaba de alguna manera.
Dudaba el espejo a lo lejos si regalándole futuras apariencias, lograría inquietarlo dealguna manera. Una mueca grotesca paseaba su cara por una atmosfera contaminada con malsanas energías. Al ver esto, el putrefacto olor que se hizo presente cuando Horacio abrió la heladera volvió velozmente al interior.

De mañana permaneció absorbido por el sofá sin fuerzas frente al televisor. Los estampados almohadones se fundían con su voluminosa figura al gran cuerpo de esa máquina devoradora de actividad, bebedora de iniciativa. Esa máquina adicta a la falta de cuidados. El control remoto endurecía los botones cada vez que se aproximaban sus dedos, la pantalla rogaba colirio para su extensión cristalina irritada y de cuando en cuando sus párpados cansados de ejercitar el zapeo prolongado se negaban en forma de programas televisivos interesantes. Rara combinación de programas televisivos, mezclas únicas de sucesos vividos por otras personas, héroes, imágenes fantásticas, pensamientos y reflexiones al respecto, se conjugaron de manera burlona, dejando valores impresos en su esencia, construyendo así su realidad. Extraordinaria suma de horas recibiendo de forma diferente el mismo mensaje "cambiarás tu realidad únicamente con un guiño mágico". Una de las tantas perlas que exponía con orgullo en la vitrina de la distracción era una extensa comedia romántica en la cual un millar de casualidades se alineaban para juntar a dos almas en un mundo alienado por la ambición económica y el poder.
Allí lo sorprendió la noche, aquella bien conocida por la insistencia en su labor diaria; allí lo sorprendió algún dolor físico, de esos dolores que disgustan para quejarse pero no lo suficiente hacer que te muevas; allí lo sorprendió el hambre y no precisamente del que se evade tragado saliva; allí lo sorprendió el cansancio adormeciendo todos sus sentidos. Sin embargo, puso a un lado estos pesares decidido a esperar, priorizando eso que pronto llegaría.

Como si fuera una obra de teatro enumerando algunas de las infinitas posibilidades que existían allá afuera, puertas y ventanas repasaban un libreto cotidiano. El silencioso sonido de sus voces fue apagándose, entretanto el viento ingresaba serenamente a través de una de las claraboyas y jugueteaba con las flores secas del rincón, emitiendo una música constante y crujiente, una música que se complotaba al sofá y lo acunaban abrigando sus dolencias.
Horacio durmió esa noche con el consuelo y la seguridad que mañana sería diferente, que algo pasaría. Durmió abrazado a una fe a prueba de días como aquel.

Texto: Lucio Pressello