08 febrero, 2013

Numen


Entonces las estrellas comenzaron a detonar de una a la vez.

Fue un espectáculo magnífico. Una demostración de poder infinito.

Los adultos alzaban a los pequeños y señalaban hacia el cielo. Las calles se abarrotaron de gente que observaba aquel espectáculo de luz y sonido.

De pronto se hizo la oscuridad. El firmamento quedó vacío. Parecía una enorme garganta a punto de tragarse hasta el último aliento.

Se alarmaron. La razón sometió a la frivolidad.

Además no existía justificación para el reproche. En el plebiscito habían votado a favor de un proyecto que utilizaba la ciencia no sólo como un modo de evolución sino también como una experiencia recreativa.

“Una extraordinaria demostración de civismo” concluyó el periódico local.

Un solitario juglar se despabiló sobresaltado. Las corridas callejeras lo despertaron del frágil letargo. Somnoliento y confundido se frotó los ojos y miró a través de la ventana del bar. Las tinieblas le indicaron que otra fuente de inspiración había expirado.

Afortunadamente aún le quedaba la luna.

Texto: Bee Borjas.

Narración: la Voz Silenciosa