11 febrero, 2013

Sorpresas


Del aburrimiento en la oficina a la felicidad, solo le separa una llamada a su mujer. Verifica la hora; estará preparando la cena mientras los niños juegan en el ordenador. Mira por la ventana, llueve. Descuelga el teléfono y marca. Salta el contestador.
—Cariño, llego tarde, no me esperes levantada.

Amontona documentos y cierra el maletín. Ya en la calle, corre hacia el metro. Desde la esquina, la mirada efervescente de una mujer triste, la suya, le observa. Cerca, a sus pies, un móvil roto y dos entradas de cine. 

Fuera la lluvia cesa. Dentro de ella ha comenzado el diluvio.

Texto: Paloma Hidalgo Díez

Narración: La Voz Silenciosa