21 marzo, 2013

Las necesidades aprietan


No sé —murmura Manuela compungida y acomplejada, cayendo toda su aureola de mujer fatal, acrecentada por un escote más grande que una bahía y unos tacones que gritaban ¡peligro!. El hombre bajó su mirada para observarla, se subió los pantalones, la tomó de la mano para levantarla y le entregó los cien euros pactados. Ambos entendieron que se habían equivocado en la forma de intentar cubrir sus necesidades.

Texto: Francisco Concepción