22 mayo, 2013

Noche de luna. Último capítulo


Poco a poco, a medida que se alejaban del pueblo, Viviana recuperaba la calma. El temor de ser sorprendidos en su huida se iba cambiando en esperanza, a medida que sentía que tenía la libertad al alcance de la mano. Solo necesitaban llegar hasta el mar.
Cuando sintió la brisa del océano sobre la piel, sin apenas luz que marcara el camino, miró hacia atrás durante unos segundos. El faro lanzaba destellos ambarinos, la colilla de Feliciano se movía, arriba y abajo, rojo brillante, naranja intenso en el negro de la noche. Las olas lamieron su cuerpo desnudo, Viviana se dejó mecer. Por fin la brisa dispersó las nubes y apareció la luna, su silueta se iluminaba cada vez que emergía del agua. Feliciano la esperaba fumando sentado en la arena, no era de los que le gustara zambullirse para pasar
frío. Aunque si fuera para morir, sí que daría su vida por ella.

Viviana se acercó hasta él y dejó que la besara, que sus manos la recorrieran bajo la manta, al socaire de las dunas. Y de pronto, antes de que Feliciano comenzara a saciar sus más profundos deseos, Viviana se levantó de un salto y comenzó a vestirse, exclamando:
— ¡Nos tenemos que ir, date prisa, vamos, que lo pierdo!

—¿Qué pierdes qué…?, ¿nos vamos, dices?, ¿adónde?, ¿estás loca? —le decía en un tono desarmado.

Aunque para él no fuera una sorpresa que pretendiera huir, a pesar de que no querría hacer otra cosa que seguirla, observar su talle fino y su pelo negro, mientras sorteaba bancales y avanzaba impetuosa por los caminos que la llevaban a la carretera, el hombre sabía que debía dejarla marchar.

Iba a amanecer cuando el ronroneo de un motor anunció la llegada de un autobús. Paró ante las señales de aviso de la pareja. Viviana lo besó en los labios y subió cansina los peldaños, como si por un momento hubiera decidido quedarse.

Feliciano, de pie en el arcén, la miraba tras la ventana. Le parecía que todo lo ocurrido había sido una película fugaz ante sus ojos. Demasiado real para ser verdad.

El autobús arrancó para desaparecer en la primera curva.