23 agosto, 2013

La caída




El suelo está frío, las paredes húmedas, el día oscuro, el silencio aplasta y las horas sornaguean el ocaso.

No hay hambre ni sed, la nada es una marabunta que grita rugidos negros.

Suspiro y el aire sale por mi boca abierta, caliente. Es lo único que produce calor en mi entorno.

Mis manos enlazadas en el pecho, los dientes chirrían, tiritan de miedo. Estoy paralizado. Miro hacia un lado, voces lejanas, veloces. Miro hacía el otro, nadie, solo máquinas. Tengo ganas de gritar, no me oigo. Lloro sin gemidos, las lágrimas caen lentas en los oídos y encharcan lo poco que queda, mis manos siguen pegadas, no puedo secarme la desolación.

Un mosquito da vueltas alrededor de la luz mortecina, merodea desde la lámpara a mi cuello, se estrella, se carboniza. En mi cabeza sucede lo mismo, vueltas y más vueltas que terminan carbonizando las neuronas, las que quedan, los cables se fundieron en la caída. 

¿Será la muerte que me acecha?

Mi hijo se acerca, me seca las lágrimas y me susurra: te quiero.

No puedo morir.

Texto: Inma Vinuesa
Narración: La Voz Silenciosa