19 septiembre, 2013

Anotaciones para época de olvido


Imagen convocatoria.
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15 de Julio
¡Al fin en el viejo caserón familiar! Ayer con Sofía, hoy solo en este primer día de vacaciones. Pero no tan solo porque desde el patio, sentado en el bordillo de la pila que sirvió de abrevadero para vacas y mulos, percibo esa compañía invisible de los sonidos y de las imágenes de siempre: ese zureo insistente de las palomas; el cruce de vencejos chillando al rasgar el aire; el piar lejano de los pardales en el nogal del Antonio; el silencioso revoloteo de las golondrinas en busca de nutrientes; la brisa aún fresca del amanecer castellano; el desagradable revolotear de las moscas… y el sol, aún tímido, pujando por imponer su cálido abrazo al necesitado de ternura. ¡Creo que cada vez me siento más acompañado en soledad!
Ayer, cuando llegaba al pueblo me encontré con Tomás y nos pusimos al día de nuestras vidas. Se separó y su niño está con él solo en alguna temporada. Me sorprendió la sencillez con que reconoció las dificultades de su familia para sobrevivir en aquella época, tratando de mantener una imagen de solvencia social. En cierto momento, mientras hablaba por teléfono con una amiga, observé sus gestos entre pícaro e inocente, su carcajada cuando

lanza una idea que considera suficientemente inteligente como para mostrarla con orgullo…
…Me sentí bien en su compañía. Demuestra tanta confianza y admiración en mí que consigue que yo retome el papel de líder o de modelo. Una admiración que no decayó con el paso de tantos años en los que, con el pretexto de crianza de mis hijos, estuve desaparecido. Y fue una pena porque con su amistad, siento que ocupo una localidad que me pertenece, me hace ser más sociable y proyectado a nuevas experiencias. ¡Debo volver a cultivar su presencia!

16 de Julio. Sueño.
Acudíamos Julia, otro hombre y yo a una fiesta en la que había música y baile. La llevábamos de la mano, uno por cada lado. Al cambiar el tipo de música, se despejó el campo. Julia me eligió para compañero de baile y se pegó a mi cuerpo. Sentí sus muslos entre los míos, su vientre plano, su espalda cálida al abrazo, una enorme atracción sensual. Hablábamos con libertad. Nos decíamos las cosas pendientes y atrasadas pero ya no recuerdo bien de qué se trataba. Me desperté.

19 de julio
Llevo dos días en Osorno, con mi amigo Andrés. Vine libremente, sin verme presionado por su invitación, sin ansiedad. ¡Dos días como un soplo! Ayer fuimos en bicicleta, por el Canal de Castilla, hasta Alar del Rey, devorando kilómetros y parando para beber, hacer fotos y mear. El regreso fue rápido, favorable por el suave descenso. ¡Sensación de libertad aguantando el martilleo continuo del manillar sobre las muñecas, sintiendo la brisa en la cara y el sol en las piernas! Disfruté el eterno paisaje palentino. Hoy hemos trabajado en la casa. Me ha recomendado la lectura de los libros “Sobre héroes y tumbas” y “El coloso de Marusi”.


Texto: Jaime del Egido Mayo