01 septiembre, 2013

Decálogo de un ignorante en vinos. Destruyendo 5 creencias.



Muchos lectores se preguntarán ¿qué hace ahora FranCo hablando de vino? ¿Pero si esto es un blog cultural? Muy cierto, La Esfera es un blog de cultura y pienso que no existe una cultura más grande y milenaria que el mundo del vino. Existen evidencias arqueológicas en las que se indica que la producciones de vino más antiguas provienen de una extensa área que abarca: Georgia e Irán (Montes Zagros), datando estos comienzos en el periodo que va desde el 6000 al 5000 a. C.


Pocas son las manifestaciones artísticas o culturales que se siguen manteniendo y cultivando por el hombre después de tantos milenios
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En la elección del vino deja actuar a tu intuición y respeta tus gustos personales
Durante miles de años alrededor del vino han existido imperios y sustentos de economías. Se convirtió en una bebida imprescindible que elevaba el alma y el espíritu. Los romanos fueron los que más extendieron la cultura del vino, era pilar de la estructuración de su sistema económico, político y organizativo. Cuando el imperio desapareció el relevo recayó en manos de la Iglesia, para la que el vino fue y es un símbolo de su dogma.Actualmente no entendemos la gastronomía sin el vino, ni una velada romántica sin su presencia. También asociamos el vino al placer y a una buena conversación. Seguiría con la lista pero es interminable. Termino como ejemplo apuntando que desde hace un tiempo se asocia a la buena salud un consumo moderado de este líquido milagroso.

Pero me gustaría, como enamorado del vino y borracho reconocido, tirar por tierra algunos puntos de sus múltiples decálogos.


–Desconfiar de los gurús del vino.
Robert Parker es capáz de encumbrar a lo más alto un vino y también llevarlo al infierno. Su palabra es la ley. Se le acusa de globalizar el vino, de “pakerizar” las bodegas por adaptar su producción a los gustos de este gurú. Incluso de haber recibido prebendas por parte de algunos importadores, para “influir” en sus puntuaciones.

Un vino es bueno si a ti te gusta, no por que lo diga este señor. Un vino es como un perfume, que no huele igual en todas las pieles, en este caso en los paladares. Muchas

personas disfrutan comiendo kiwis, mi paladar no lo soporta, le tiene alergia, reacciona de forma violenta.

–Vino blanco para el pescado.
Deja actuar a tu intuición y respeta tus gustos personales por encima de pautas establecidas. Un vino se combina con cualquier plato que tu paladar lo reconozca como armónico. ¿Te gusta tinto con pescado? Entonces toma tinto con pescado. 


Mensaje para a los ortodoxos que vengan a Canarias y combinen nuestro cherne guisado con papas arrugadas o nuestro pescado salado con vino blanco, eso si es un pecado. Estos platos de pescado no se entienden sino con vino tinto joven.

–Los aromas del vino.
El vino huele a vino, o sea a las uvas que le dieron origen, los hálitos de la fermentación, la madera donde maduró y las sabidurías aromáticas de la edad si fue añejado. Disfruta de esas fragancias por las fragancias mismas, sin llevarte por los snobs que tratan de explicar su olor con matices de tisana, sotobosque, espino blanco, cardamono, nuez moscada... El vino huele a vino, afortunadamente.

–Denominaciones de Origen. 
Estos sellos de ¿garantía? pueden tenerse como referencia de calidad al tener que pasar los caldos por una serie de requisitos o inspecciones. Pero no debemos martirizarnos y encorsetarnos por lo que figure en su etiqueta. En la vida y concretamente en la creación, los artistas más interesantes siempre han sido los rebeldes, los independientes, aquellos que abren caminos. Existen muchos bodegueros que investigan y avanzan por nuevos caminos o que se mantienen pisando aún la uva con los pies y que no están sujetos a ninguna denominación o sello y cuyos caldos que te sorprenderán.

–El vino es placer no acertijo. 
No pierdas el tiempo, como lo hacen los que se creen expertos, tratando de adivinar de qué cepa, zona, año o marca estás tomando. Toda esa información está muy clarita en la etiqueta de la botella, léala ahí y a otra cosa.

Siempre recuerdo una entrevista que le hicieron a Julio Iglesias en tv. Él presume de ser conocedor de los vinos y un gran bebedor y le dieron a probar una copa proponiéndole que catalogara el vino y lo comentara. Su respuesta después de probarlo y darse un tiempo fue “Este vino puede ser un vino joven... y también puede ser un vino viejo” Y se quedo tan ancho.

Y se me olvidaba, aunque estoy seguro que eso ya lo sabes: Elegir un vino es como elegir una obra de arte. Existen muchos pseudos artistas muy cotizados pero de dudosa categoría  El mejor vino no es el más caro.

Hasta el próximo Editorial del domingo que este borracho, ignorante en vinos, se va a beber una copita de vino y disfrutarlo por encima de sugerencias impuestas.

Artículo: Francisco Concepción