25 septiembre, 2013

Vacaciones inolvidables


Convocatoria
"¿Vacaciones?, si yo te contara..."

Aquel último día de vacaciones me costó despertar. El sol me daba de lleno en la cara, tenía las sábanas pegadas a la piel debido a la transpiración. Estiré con languidez mi desnudo y espléndido cuerpo y luego de permanecer unos minutos más con los ojos cerrados me levanté. Después de darme una ducha reparadora me paré en medio de la cabaña y eché un vistazo a mi alrededor. El lugar era un desastre, todavía me quedaba preparar mi equipaje y dejar el lugar limpio para entregarlo al administrador; no quedaría más remedio que tirar toda la ropa de mi marido, esa ropa de marca que a él tanto le gustaba usar. Salí al jardín y me desperecé, sonreí para mis adentros recordando esos interminables quinces días de vacaciones; los últimos dos días fueron los mejores de toda la estadía.

Desde el primer momento en que abordamos aquél avión a las Islas supe que todo tenía que cambiar. Todavía me embargaba la ira al recordar a mi marido teniendo sexo con una de las azafatas en el baño del avión, y luego los dos mirándome y riéndose a mis anchas; la desfachatez de ambos al despedirse en mis narices cuando llegamos al aeropuerto. Me

tragué las lágrimas de indignación, ¿hasta cuándo sería capaz de soportar su indiferencia, sus insultos y sus infidelidades? Ni siquiera en las vacaciones dejaba de importunarme, a pesar de que había sido idea suya que nos fuéramos juntos, como un matrimonio feliz. Eso fue lo que creyó el administrador que nos alquiló aquella cabaña tan bonita: que habíamos ido allí por una segunda luna de miel.

Destapé una cerveza y brindé a su salud.

El trabajo fue duro; reducir a un hombre corpulento como él resultó una tarea difícil, pero valió la pena. Disfruté al torturarlo de una forma distinta cada día; era lo que necesitaba para desquitar la frustración acumulada durante nuestro matrimonio y acabar con sus ganas de vivir. Mirar las cenizas en las que se convertían las ropas que arrojaba al fuego no me producía tanto placer como contemplar las que había en el interior del frasco de vidrio que tenía sobre el refrigerador.

Todo salió a la perfección, hasta el administrador se creyó la mentira que inventé para encubrir su repentina ausencia. Sin dudas, esas fueron las mejores vacaciones que tuve.
Lo que sucedió con las cenizas es otra historia que incluye a la azafata…,ya les contaré en otra oportunidad.


Texto: Patricia K. Olivera
Narración: La Voz Silenciosa