20 octubre, 2013

Calma


Aquellas vacaciones nos decidimos por un lugar tranquilo, junto al mar y a dos pasos de la montaña, en el mismo pueblo donde nacimos.
Una casa, pequeña y destartalada, pero en una parcela cuajada de árboles. La arreglaríamos a nuestro modo. Un trabajo sencillo, pero digno.
Desde entonces, visitamos con frecuencia a los amigos de toda la vida. Es el momento oportuno. Disponemos de tiempo para disfrutar de largos paseos. Les llevamos hermosos ramos que recogemos todos los días de aquí y de allá.
El paro terminó con los ahorros de los dos. No podíamos rechazar esta oportunidad. Instalados en el propio camposanto, sin salir de la parcela. La rutina nos encanta.

Texto: Isolda Wagner

Narración: La Voz Silenciosa