25 octubre, 2013

Patrulla de salvación. Misión: salvar lo poco que queda.


Que el libro está en peligro es un hecho. Ya lo estamos viendo en cifras. Un poco de culpa tenemos todos. Por eso, como pasa en otros ámbitos de la vida, han surgido unas salvadoras dispuestas a socorrer al más débil, a cuyo mando se encuentra la sargento Margaret, cuya misión es preservar al libro de todo el daño que se le está haciendo, que le estamos haciendo.

"Patrulla de salvación" surge bajo la premisa de la crítica descarnada, sin tapujos. Es un alzamiento en toda regla contra el conformismo, lo preestablecido, la exaltación de la mediocridad y los mediocres. No os metáis con el libro, no lo insultéis, porque ellas estarán vigilantes. No ensalcéis la mediocridad, porque ellas estarán para decirles ¡pero qué dices, si ese libro no es bueno ni nada, es sencillamente malo! Sí, quizás se puedan criticar las formas, pero no el fondo, o si no ¿cuántas veces nos hemos llevado por críticas a la hora de comprar un libro y resulta que no encontramos nada bueno de lo que dice el crítico por ninguna parte? Sospechoso, ¿no? Sospechoso que no haya un libro
de Alfaguara que, según los críticos de El País, sea malo o de dudosa calidad, tal como nos dicen estas baladíes de la literatura en su carta de presentación. Es cierto, muy cierto.

Sí, vale, puede que tengáis razón. Puede que después de darse una vuelta por su blog alguno se escandalice viendo que no queda títere sin cabeza. A lo mejor ven cómo se meten y tiran por tierra alguno de vuestros pedestales. A mi me pasó con Andrés Neuman, que a mí me gusta, y sin embargo a ellas no parece que les guste tanto (nada diría yo), pero encajo el golpe porque han arrancado de mí una sonrisa. Por eso, abrid vuestras mentes. Lo importante es que una voz así es necesaria para crecer y no ir como borregos, y por supuesto, siempre queda vuestro turno de réplica, viendo cómo son, seguro que les mola que lo hagáis.

Ya los defensores del libro, los defensores de la buena literatura, tenemos a quién acudir. Basta que nos demos una vuelta por su blog y escribamos a su mail nuestra petición de ayuda. Ellas se comprometen a dar voz a nuestra denuncia, a pregonar a los cuatro vientos la injusticia. No existían heroínas así, por eso ellas mismas se inventaron, dicen por ahí, después de una tertulia entre limonchelos. Así dulces, fuertes y rubias como un limonchelo me las imagino. Por fantasear que no quede.

Os invito a que os hagáis seguidores y empujéis en su misma dirección. Ya tenemos a quién acudir. ¡Por fin, por fin!

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Crítica: Miguel A. Brito