05 octubre, 2013

Playa Cronos

Texto participante
en convocatoria
Leer bases


Un mar de vaivenes turquesas. Arenas de blancura interminable. Cabalgatas y caminatas hacia el poniente. Piñas coladas y fogones nocturnos propicios para el romance. No conforme con lo que me habían dicho, me escapé de la oficina y compré el pasaje en la agencia. Los impulsos son malos consejeros, solía decir mi madre. Tan nítida se oía su voz que hasta miré mi hombro; hubiera jurado que estaba allí, posada cual ángel del bien. Como el viento a la nube, disipé la idea: ¿Impulsiva, yo? ¡Para nada! Últimamente las vacaciones las gozaban los otros y era tiempo de cambiar eso.
Preparé la valija regodeándome por anticipado: la lectura, el sol en la piel, el tacto de manos varoniles untando el bronceador… y cuando, por fin, pisé la tibia arena, comprendí por qué la fama precedía a Playa Cronos.
Disfruté de los placeres que horas antes habían sido ensueño; el aire salobre limpió mis pulmones y el sol derramó sus lánguidos dorados sobre mí.
La noche trajo el rumor del mar, moteado de risas y de luces. Mi mano parecía hecha para la mano de él. Me acarició la mejilla, apartó mis cabellos y acercó mi cara a la suya. En ese momento, justo antes del beso, Cronos dio vuelta el reloj.


Texto: Mariángeles Abelli Bonardi
Narración: La Voz Silenciosa