08 diciembre, 2013

¿A qué te dedicarías si no tuvieras que trabajar para vivir?

Ya sé que esta pregunta es muy provocadora y un potente detonante para iniciar una conversación en cualquier momento. No conozco a nadie que no me haya dado una respuesta.

Casi siempre, cuando la formulo, las respuestas son prácticamente idénticas. A la mayoría les gustaría dedicarse a escribir, pintar, ser artistas, viajar por el mundo y a estar más tiempo con la familia. ¡¡ ¿Entonces? ¡¡

¿Quieres dedicarte a la escritura? Abandona tu zona de confort.
¿Te gusta escribir? ¡Hazlo! Y olvida el dinero.

¡Arriesga! Dale más importancia a tu pasión y a lo que te llena y te gratifica que a tu trabajo. De lo contrario pasarás haciendo en la vida cosas que te desagradan y que no te dan satisfacciones. Realmente es una estupidez. Piénsalo. Solo tenemos una vida. Y más vale una vida corta llena de satisfacciones, que una vida larga y miserable.

Si lo que te apasiona solo lo haces esporádicamente, jamás podrás ser bueno en ello. Para llegar a ser alguien en lo que te gusta, hay que
dedicarle tiempo y tenerlo como primer objetivo. Si no lo marcas como el objetivo prioritario jamás lo alcanzarás. No pienses que te caerá del cielo. El tiempo se te consume. Es absolutamente estúpido seguir todos los días haciendo cosas que no te gustan y tratando que nuestros hijos hagan lo mismo. Que copien el modelo. A lo largo de la historia todos los padres han temblado cuando alguno de sus hijos le han dicho “Papá quiero ser artista” ó “Papá quiero ser escritor”. Llegando, en algunos casos, a darles palizas. 

Esta semana escuché una conversación entre dos jóvenes. La mujer le preguntó al chico a que se dedicaba y éste le respondió que a la música, que tocaba en los bares. Ella insistió, no quedó conforme: “Pero en serio ¿a qué te dedicas? ¿qué estudiaste?

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¿Eres feliz? Sigue haciendo lo mismo
Cuando a mí me hacen la misma pregunta la respuesta la tengo muy clara “Aparte de pasar más tiempo con los que quiero, haría exactamente lo mismo que estoy haciendo hoy. No sería feliz si dejase de crear e idear proyectos, emprendiendo, arriesgando, arruinándome y levantándome, abriendo caminos de locos...

Y no predico desde la teoría. A mi hija, ya desde primaria, le permití que eligiera los colegios a los que quería asistir. Cambió varias veces. El tipo de bachillerato a curasar. Cada dos meses también cambiaba de actividad: kárate, música, tenis, gimnasia artística, hípica, pintura, teatro, patinaje... Inició dos carreras y siempre contó con mi apoyo. Sabía que estaba buscando su felicidad. Me negaba a que repitiera el cliché de persona gris con título universitario que termina trabajando, por dinero, el resto de su vida en una oficina, haciendo lo que no le gusta y malgastándola. O siendo carne de la oficina de desempleo, que es lo que toca en el momento que vivimos. Y ahora está consiguiendo ser feliz. Saliendo de su zona de confort y viviendo sobre el alambre.

¿Quieres escribir? ¡Hazlo! Sal de la zona de confort. Pasarás algún mal momento, cierto. No vas a tener otra vida. Al final el dinero y las oportunidades llegarán. La necesidad agudiza y afila los dones con los que todos nacemos. Es estúpido desperdiciar la única vida que tenemos en hacer todo el día cosas que no nos gustan.

¿Vale más una vida confortable y gris? ¿Te atenaza el confort? ¿La excusa es que ya eres mayor?

Como siempre te pido que participes y que si te gusta la reflexión la compartas en tus redes. Entre todos engrandecemos el debate.

Hasta el próximo Editorial del domingo 
Artículo: Francisco Concepción