19 enero, 2014

¿Vale la pena realizar un curso de escritura?

Esa fue, así sin anestesia, la pregunta que me realizó de forma privada por Twitter un seguidor hace algunas semanas. Y de inmediato le contesté que , que siempre se aprende algo, por malo que sea el taller, el curso o el docente.

Pero en los 140 caracteres de Twitter es complicado dar una respuesta a esa pregunta y menos argumentarla. Así que voy a tratar de hacerlo.



Definitivamente  es necesario y conveniente asistir a cursos de escritura

El conocimiento no ocupa lugar. 
A lo largo de mi vida he asistido a infinitos talleres, conferencias y cursos (marketing, cine, escritura, encuadernación, fotografía, ventas, diseño, programación, edición digital, serigrafía, cerámica, pintura, madera...) y jamás por la titulación. Nunca recojo el típico diploma. En todos he aprendido algo, por malos que fueran. Al cabo del tiempo y cuando creía que había perdido el tiempo y olvidado el curso puede aplicar algún conocimiento adquirido casi sin darme cuenta.

¿Y qué aprenderé? Eso dependerá del curso/taller que elijas. Existen muchos tipos de cursos. Algunos son muy generales y otros abordan cosas más
concretas como los personajes, la trama, los diálogos, técnicas para desbloquear la inventiva, el microrelato, el cuento, la poesía...

En estos talleres sobre todo aprenderás a potenciar tus virtudes y a evitar tus errores.

¿Presencial o virtual? 
Yo siempre recomiendo hacerlo de forma presencial. Así tenemos la obligación y nos crearemos el hábito y el compromiso de asistir a las clases. El contacto con el resto de alumnos y profesores es algo que casi no se consigue de manera virtual. El contagiarnos con las virtudes de otros escritores, de sus técnicas, de su forma de escribir, comparar nuestra escritura con la del resto es algo que nos va a enriquecer mucho. Si el tiempo no te lo permite, siempre será mejor hacerlo de manera virtual, que no hacer nada. Hay muchas ofertas en la red.

Sentirte escritor. 
Cuando asistes a un taller parece que eso le empieza a dar oficialidad a tu pasión: escribir. En casi todos los cursos nacen proyectos y amistades. Ediciones conjuntas, reuniones para llevar adelante ideas, asistencia a presentaciones de libros de compañeros, a actos, etc. Se habla de escribir, de literatura y ello te impregna en gran manera y te sirve de motivación para escribir. Te empiezas a relacionar con escritores, editores, profesores, libreros... en definitiva con los actores del mundo del libro. Te empiezas a sentir partícipe del elenco de actores.

¿Y como sé si el taller que elijo es el correcto? 
Inicialmente te tienes que preguntar que es lo que quieres hacer. Escribir una novela es casi siempre la aspiración de un escritor y de casi todos los mortales. Pero esto son palabras mayores. Tal vez deberías ir por fases. Asistir a pequeños módulos: Técnica narrativa, construcción del personaje, redacción y estilo, la trama, el cuento, relato breve... El tiempo de estos cursos y talleres es más corto y también su precio, y con menos riesgo comprobarás si realmente tienes madera y pasión para escribir.

En cuanto a la calidad de los mismos yo me fijaría en quién imparte el taller. Su trayectoria, su CV, su experiencia, su reputación, etc. Pero no la que te facilita la academia o el docente por ejemplo en su web. Ahí será todo muy bonito. Si tuviera oportunidad lo contrastaría con antiguos alumnos. Y algo que a mí me aporta confianza es el tiempo de antigüedad que tienen las academias y cursos. El tiempo siempre termina separando el polvo de la paja.

Una advertencia: la asistencia a uno de estos talleres no te convertirá en escritor. Eso solo lo conseguirás escribiendo cada día y batiéndote con las letras. Solo te servirá para conocer la diferencia entre lo que es "literatura" y lo que es “juntar palabras” Discernir lo correcto de lo incorrecto. El arte corre de tu cuenta.

  • ¿Un título o un Diploma? Aquí mi opinión sobre la "titulitis"

Que no te pille de sorpresa cuando empieces a aplicar lo aprendido y te veas bloqueado. Tu escritura no fluirá de igual manera. Anteriormente abrías el grifo y manaba un gran caudal de agua, aguas fecales incluidas. Ahora te preocupas de que solo fluyan aguas cristalinas, aunque sean de menor caudal.

Hasta el próximo Editorial del domingo
Artículo: Francisco Concepción