24 marzo, 2014

Amando

La primera vez que lo amé, lo amé naranja, que es como se aman a los corceles rojos de miradas amplias. Aquel amar fue estrépito fugaz y todo –amor, color y lumbre– fluyó en la torrentera sin que me diera cuenta. Fueron tiempos de selva.

La segunda vez que lo amé, rocé sus bordes. Quise dibujar mariposas sobre su piel de agua. Quise querer azules y violetas, adentrarme en las rutas que los corceles rojos esconden a alas temerarias. Desee volar largo y profundo los segundos, despierta. Lo quise todo. Fueron tiempos sin tregua.

Después, llegó la primavera. Se instaló en las orillas, entre manos de arena y voces de libélulas. Y el amor se hizo puente y crecieron, la vida y las enredaderas, detrás de las ventanas, en las rutas de escarcha, sobre los charcos tristes, detrás de las palabras, invadiendo las risas de los patios, remontando batallas, venciendo la espesura, abrazando las noches. Fueron tiempos de siembra.

La tercera vez que lo amé, lo amé despacio, tanto que aún sigo amando…la estela caprichosa de los corceles rojos, la suavidad del tacto de su ternura antigua, el pasado de selva, los campos que sembramos sin tregua, el pliegue de sus sombras sobre mis madreselvas, las alas que aún nos llaman por las tardes del tiempo… 

Texto: Isabel Expósito Morales

Narración: La Voz Silenciosa