31 marzo, 2014

Las viudas tenaces de Ignacio Sanz (Relatos)

Título: Las viudas tenaces
Autor: Ignacio Sanz
Ediciones Rilke
Madrid 2013.  218 Pág.
Con Las viudas tenaces Ignacio Sanz (Lastras de Cuéllar, Segovia, 1953) vuelve a la edición impresa para adultos, tras sus éxitos en el campo infantil, con el reconocimiento que significa la obtención del premio Ala Delta de literatura infantil en los años 2010 y 2013.
Así pues y tras su —a mi modo de ver— poco ponderada Una tierra mansa (Isla del Náufrago, Segovia 2010), el escritor segoviano nos vuelve a hacer entrega de una colección de relatos —en este caso 19— con dos nexos en común entre ellos, al menos según mi punto de vista. Por una parte el afán formal del autor por la economía expresiva que iguale en lo posible la narración oral con el texto escrito y, por otra, el retrato que su péñola, desdoblándose entre la ternura y la mordacidad, hace los escritores mal llamados provincianos o locales.
Respecto de la primera característica que aglutina o hilvana el volumen, convendría detallar que este afán de Ignacio Sanz por escribir como se habla (cumpliendo el consejo que Cervantes desliza en uno de los prólogos del Quijote), no es, por así decir, flor de un día. Por el contrario su trayectoria literaria de tantos años, así como su actividad en la dinamización de la vida cultural segoviana, es un camino siempre en la misma dirección, cuyo aspecto más conocido o popular es
la organización, dirección y coordinación de los Festivales de narradores orales que nos vuelven a los tiempos de la tradición hablada durante un puñado de noches veraniegas tanto en Segovia como en El Espinar.
Así pues en Las viudas tenaces el autor busca sobre todo llegar al puro tuétano del relato, sin andarse con alharacas argumentales o adornos retóricos que puedan distraernos del asunto.

¿Y cuál es el asunto, ese tuétano que recorre cada una de las historias?

Como ya he anticipado, en cada historia el protagonista es un escritor de provincias (poeta, dramaturgo, novelista, narrador, periodista…) del que el autor se sirve para ir trazando página a página un retrato entre tierno y mordaz de la vida de este tipo de ciudades algo cerradas, algo ensimismadas, con pujos y afanes propios de las grandes urbes que son los focos e imanes reales de la cultura.
Sin embargo, tras esta apariencia, el narrador nos va desvelando con su prosa firme, tersa, mucho más cuidada y elaborad de lo que aparenta a primera vista, que no hay tanta diferencia entre unas ilusiones y otras.

Las viudas tenaces abre foco sobre esa realidad de los escritores ocultos, casi invisibles, que arden en pasión por la escritura, por encontrar un lugar en el mundillo literario.

Los escritores Ignacio Sanz y José Antonio Abella
durante la presentación del libro en la Biblioteca
Pública de Segovia (13 de marzo de 2014)
Nos encontramos con un poeta que lamenta su vida solitaria; un escritor casi desconocido de pronto tentado por una de las grandes editoriales del país; un escritor picajoso e hipercrítico con sus contertulios; otro cuyo último libro es lectura obligatoria en institutos, lo que le obliga a viajar a menudo; un cronista local; un escritor que se gana la vida con artículos muy mal pagados por una revista antropológica; un alcalde que escribe al director de la RAE; un autor de novela negra invitado a un congreso; un profesor que invita a un poeta local a una de sus clases; una tertulia literaria; un guionista en mitad de un rodaje; una reunión de poetas en Cataluña; un narrador invitado a un festival en la Orotava; una llamada telefónica (un prodigio de concesión este relato, el más corto de la serie); una escritora que se pasa la noche en vela atrapada toda la noche por la lectura de una novela escrita por una amiga; una joven periodista que entrevista a un famoso escritor (acaso el relato que más me ha emocionado, debo confesarlo); un periodista dedicado a la crítica gastronómica; un homenaje al grandísimo cuentista leonés Antonio Pereira; y un escritor que viaja a Santander para recoger un premio. Pero aseguro que, sin haber mentido en ninguno de mis enunciados, lo que he escrito no desvela nada del contenido de los diecinueve relatos, porque a pesar de sus protagonistas, o precisamente por ellos, lo que se narra es la misma vida. 

Ignacio Sanz cumple con la máxima de todo buen escritor de cuentos: buscar la sorpresa, mantener viva la atención del lector presentando una situación y llevándole hacia donde quiere, que no es discrepante de los anhelos del resto de la humanidad.

Sólo lamento tres cosas: que en general los poetas salgamos tan mal parados —aunque quizá nuestra fama nos preceda—, desconocer el resultado del partido que el Rácing de Santander disputó contra aquel equipo francés… y que el libro se acabe.
Reseña: Amando Carabias