16 julio, 2014

Antonio Orejudo: El escritor audaz

#Entrevista Antonio Guerrero

Entrevsita al escritor Antonio Orejudo
Todo requiere su tiempo. Una obra tan nítida y bien escrita necesita de un trabajo longevo y pormenorizado. De otra forma sería imposible crear maravillas como las que hace Antonio Orejudo. La literatura requiere de una gran responsabilidad y de un ejercicio fiable del instrumento de trabajo: el lenguaje. Lo contrario sería alejarse de la universalidad y la hibridación – las máximas aspiraciones posibles – circunstancias que si lleva de manera implícita la obra de este excelente escritor. No por mera casualidad es considerado uno de los grandes escritores nacidos en 1960, en esa generación literaria tachada de no tener identidad aunque elogiada por lo rico de sus frutos. Tal vez esa indeterminación los defina a todos como apuesta y viaje interior hacia la esencia de las letras.

Pero Antonio Orejudo es además un profesional de reconocida competencia. Es licenciado en Filología Hispánica y Doctorado en la State University of New York at Stony Brooks de Estados Unidos. Su labor docente lo sitúa en la actualidad en la universidad Almeriense, aunque su largo currículo lo reseña también en E.E.U.U. y Amsterdam. Su estreno en el mundo editorial comenzó con un libro de crítica: “Cartas de batalla” Barcelona, PPU, 1993. También con: “Las 'Epístolas familiares de Antonio de Guevara en el contexto epistolar del Renacimiento”. Madison, 1994. Desde ahí su naturaleza de escritor lo dividió en diversos ámbitos. Por una parte lo mantuvo elaborando nuevos trabajos de crítica y estudios literarios; por otra le propició la participación en varias obras colectivas como: “Páginas Amarillas” Lengua de trapo, 1997; y finalmente lo situó en la novela, extensión literaria más conocida por nosotros y motivo de esta entrevista.

Su obra narrativa es exquisita. Comenzó en esta tarea narrativa con:

Fabulosas
Ventajas de viajar en tren
narraciones por historias “. Madrid. Lengua de Trapo, 1996. Reedición Tusquets 2007. Con ella logró el Premio “Tigre Juan”. A esta le siguió: “Ventajas de viajar en tren “ Madrid, Alfaguara, 2000. Traducido al francés (De l'avantage de voyager en train, Albi, Passage du Nord/Ouest). Llegó después una novela corta: “La nave” Sevilla, Servicio de publicaciones Junta de Andalucía. 2003. Entonces surgió: “Reconstrucción”, Barcelona, Tusquets, 2005. Finalmente tiene en el mercado una obra muy reconocida: “Un momento de descanso”. Barcelona, Tusquets, 2011.

Su labor ha sido incesante y precisa. Cada una de estos trabajos son considerados valuartes narrativos con una gran consideración por la crítica. Su estilo provocativo, arriesgado, hibrido y metaliterario, lo disciernen de otros escritores del panorama narrativo. Puede afirmarse que es uno de los más audaces de los escritores actuales. Tiene un pulcritud envidiable, a la vez que una pluma directísima y atractiva. Como en los clásicos... en Antonio Orejudo el humor, la ironía, son síntomas de inteligencia.

Sr. Orejudo, y digo señor, solo usted ha tenido en mí el mismo efecto que Hesse con "El lobo estepario". Al leer "Ventajas de viajar en tren" no pude parar. Lo leí en unas horas en las que, literalmente, dejé de existir. Toda mi energía estaba inmersa en el texto que tenía delante. Por ello, y reiterando lo de Sr. Orejudo, le doy las gracias. Desde entonces defiendo que tiene un estilo especial que cumple ejemplarmente todas las funciones del lenguaje. Su trazo es además peculiar. Tiene una hibridación muy llamativa. Mientras que Rosa Montero mezclá géneros y consigue el éxito de ventas, usted combina la influencia que tiene de Cervantes, Galdós o Mendoza con una dosis bastante cargada de humor e ironía. El resultado también es exitoso. Pero yo incidiría más. Esta hibridación esta provista también de una gran crítica social, religiosa y política, incluso de una crítica a la posmodernidad. ¿Ratifica esta afirmación?

Pues sí, la verdad, ¿cómo voy a rechazar una definición tan elogiosa? Bromas aparte, me parece que usted lee esa novela de la misma manera que yo: como el resultado de una fusión de influencias variopintas. Esa es exactamente mi idea de literatura, y lo que más me divierte hacer. No encuentro mucho sentido a escribir en géneros ya establecidos. Me gusta las novelas policíacas, me gustan las novelas de terror, me gustan las novelas de aventuras, me gusta leerlas... pero me aburre escribirlas. ¿Para qué hacer otra vez en literatura una tortillas de patatas? Es más estimulante ensayar nuevas mezclas, combinar nuevos sabores y arriesgarse a fracasar, por amargo que sea.

De todas formas, y centrándonos cuestiones de estilo, ya sabe que el mestizaje narrativo es lo que da longevidad a los textos. Podríamos decir que es el verdadero motor histórico de la literatura. Ya lo dijo usted al afirmar que los novelistas del S.XIX habían muerto y que existía una novela mucho más dúctil en tiempos más recientes. Aunque eso lleva otra cuestión, dado que su obra es una hibridación: ¿es usted un provocador?

No de manera deliberada. Soy consciente de que algunas cosas que escribo provocan adhesión en unos lectores y rechazo en otros. Pero de eso se trata, ¿no? De cuestionar lo establecido, de sembrar dudas, de provocar preguntas, de chinchar en una palabra. Como lector, si una novela o una película o una serie o un poema no me chincha de alguna manera, no me interesa.

Lo cierto es que su estilo es arriesgado. Nunca sabe el lector donde termina la aventura de leerle. Cuenta con un alto nivel intelectual, nada soso, escrito con sensillez. Es apreciable la destreza en el uso de recursos literarios. Aunque eso si... recocerá que está al borde del abismo, ese que diferencia un best-seller de una obra oscura. Por ello, por su empeño en el evolucionismo y el mestizaje, le preguntaría algunas cosas: ¿si tiene o no una buena opinión de esa bien o mal llamada generación nocilla? Y si... ¿merece la pena apuestas como esa que se alejan de la vanalización de la literaria? ¿Podríamos hacercarnos al autor puro así?

Como profesor de literatura, estoy acostumbrado a explicar los rasgos que convierten a un grupo de escritores en generación literaria. Soy incapaz de decir qué tienen en común Manuel Vilas con Agustín Fernández-Mallo, escritores ambos a los que aprecio personal y literariamente. Pero como profesor de literatura me rebelo contra ese parentesco forzado. Si algo tienen en común Vilas, Fernández-Mallo es su irreductible singularidad, con la que yo me identifico. En cuanto a lo que me pregunta sobre el riesgo, ya le he contestado más arriba. Sin un poco de riesgo, se me hace muy cuesta arriba esto de la escritura.
Entrevista al escritor Antonio Orejudo


Por otro lado, en sus obras cuestiona las falsedades de la actualidad. Es un rasgo suyo. Permítame que piense en voz alta... si el hombre de nuestra época es un ser individualista y sin contenido, desprovisto de moralidad, e inmerso en un contexto donde la cultura es un detritus y donde la política una acción performativa... la cuestión de la identidad y la emancipación deben ser las que más le preocupen. Dicho de otra forma... ¿la critica social que hace persigue la evolución del lector en el árido horizonte del presente?

Aunque las cosas que escribo tienen un aire disparatado y me invitan a casi todas las mesas redondas en las que se habla de literatura y humor, yo me tengo por un escritor social, sí. La psicología de los personajes me interesa solo como elemento de una construcción más amplia. No soy buen lector de literatura intimista. Y tampoco se me da bien escribirla. Me interesan más las relaciones entre las personas, la política en un sentido amplio, lo social. La dificultad para identificar conceptos y personas es una característica de nuestro tiempo. Por eso nos parecemos tanto a los hombres barrocos, porque nosotros también estamos desengañados. Cometimos un error de identificación: pensábamos que las cosas y las personas eran de una manera y resulta que son de otra.

Centrémonos ahora en una revisión rápida su obra: En “Fabulosas narraciones por historias” hace una critica de la cultura y de los avatares ciertos y falsos de la generación del 27. Todos sabemos que se va a reeditar 11 años después, lo cual es un reconocimiento. Yo le inquiriría algunas cosas: ¿Por qué eligió en ese momento ese tema? ¿El uso de la crítica fue intencionado? ¿Imaginó hasta donde podría llegar?
Fabulosas Narraciones
por historias


Fabulosas narraciones por historias es la primera novela de la literatura española que lanza una piedra en las tranquilas aguas de lo que hoy se conoce por Cultura de la Transición. Y lo hace conscientemente, ambientando la peripecia en un momento histórico idolatrado por la izquierda española, que se reconoce hija de aquella Residencia de Estudiantes, que en la novela resulta ser una institución oscura, sectaria, elitista y corrupta, ideada para la conservación del status quo.

En “Ventajas de viajar en tren”, tal como en una novela cervantina se dibuja la realidad de forma grotesca y se declara el juego que puede hacer la literatura para la crítica social comtemporánea. ¿Ese cervantinismo... le sale de forma natural?

Completamente natural. Cuando era estudiante, y leía las Novelas ejemplares, y leía a mis críticos de cabecera, que las explicaban tan bien, pensaba "¡Qué moderno es este tío!". Encontré en él respuestas a problemas narrativos que yo me planteaba. Su mundo y el nuestro tienen muchas cosas en común, por eso lo sentía tan cercano.

Por otro está “Reconstrucción”, un libro que también he leído y del que tengo una grata memoria: asistí a su presentación en El Ejido y hasta tengo su dedicatoria. Junto a usted estaba Manolo de la librería Sintagma. De esta obra maestra quisiera que me explicara porque usted ha afirmado que no es exactamente una novela histórica si no de presente.
Reconstrucción de
Antonio Orejudo


Reconstrucción sucede en el siglo XVI, pero no trata del siglo XVI. Volvemos a los que acabo de decir: hay tantos puntos en común entre aquella época y la nuestra, que no pude resistirme a la tentación de hablar de problemas actuales (revolución tecnológica con la imprenta entonces y hoy con internet, pérdida de valores, disolución de certezas, resistencia al poder, utilización del miedo para la dominación civil...) recreando una historia real de aquellos años.

La útima ha sido la más esperada por todos “Un momento de descanso”·. Ya ha dicho que le molestan las llamadas de los editores exigiéndole un plazo. Yo no voy a preguntarle eso. Prefiero preguntarle otras cosas más interesantes. En este libro hace una crítica que declara a la universidad española como casposa. No obstante la universidad norteamericana tampoco se escapa de la quema, ya que la ridiculiza. La cuestión sería esta: ¿existen elementos positivos en ambos contextos? ¿Quedan algunos?

Claro que hay elementos positivos. Yo no sería el mismo escritor si no hubiera pasado siete años de mi vida en Estados Unidos, estudiando primero y dando clases después en universidades de allá. Lo que leí entonces no lo hubiera leído en España, donde me habría aborregado como lector. Y aquí, lo mismo. No hay que confundir las instituciones con los individuos. Aunque la universidad española, como maquinaria administrativa y burocrática, hace todo lo posible por impedir la excelencia, tengo a mi alrededor colegas que no sólo son intelectualmente brillantes, sino que son héroes, héroes épicos que consiguen sobrevivir y trabajar en un clima adverso que premia la sumisión y la mediocridad.

Nos detendremos aquí... Ha manifestado que la universidad española es una prolongación de la enseñanza secundaria. Por eso exige un modelo más elitista intelectualmente sin renunciar al acceso libre. Sepa que el Sr.Sánchez Dragó, también entrevistado por mi, tiene la misma opinión: defiende el elitismo educativo. Sin embargo yo le preguntaría, mientras reflexiono: ¿una universidad elitista donde los profesionales tuvieran más capacidad y formación resolvería el problema de la in-construcción de individuos? Es decir... ¿una formación superior sería capaz de crear mejores profesionales y mejores personas o solo mejores profesionales? Ya sabemos que por desgracia ningún nivel educativo se preocupa ni de los valores y ni del humanismo de los alumnos.

La función de la universidad no es crear buenas personas, eso es tarea de los padres de cada uno y, si acaso, de la enseñanza primaria y secundaria. La enseñanza superior, tal y como yo la entiendo, debe formar buenos profesionales, entendiendo este término en sentido amplio. En otras palabras, la universidad debe ocuparse de la calidad del conocimiento, no de la calidad de las personas. Aunque algunas veces una cosa lleve a la otra.

Le diré que en el ámbito de la filosofía (que conozco bien) las universidades no sienten ningún interés por los problemas de la calle. Tanta fenomenología y hermeneútica... para nada. En el caso español tanta ética... para nada. En ese sentido ¿la universidad elitista que propone estaría más conectada a los problemas reales de las personas?

La palabra elitista tiene mala prensa. Cuando digo que la universidad debe ser intelectualmente elitista quiero decir que solo deberían acceder a ella los mejores. Me extraña la resistencia a aceptar esto: nadie cuestiona el hecho de que no todo el mundo puede estar en la élite del deporte, pero sí hay una cierta resistencia a admitir que no todo el mundo puede estar en la élite del conocimiento. Yo, por ejemplo, no puedo estar en la élite de la Física nuclear. Y tampoco en la élite del ajedrez, y me gustaría. Que la universidad se nutra de las élites intelectuales no tiene nada que ver con el hecho de que esté próxima o lejana a la calle. Naturalmente, es preferible que la universidad no viva en una burbuja. Ahora mismo a la universidad accede todo el mundo (todo el que pueda pagar la matrícula, pero este es otro asunto, y no esta la selectividad a la que no me refiero), y sin embargo, en el terreno de las humanidades, hay una desconexión absoluta con los intereses de la mayoría de la gente.

Como verá me seduce su criticismo. Por ello me desviaré un poco... Le he leído en diversos medios de comunicación y he apreciado su opiniones políticas. Cuando dice que todos los ex-presidentes han hecho lo contrario de lo que han prometido lo presume porque el sistema se lo ha permitido. Con eso... ¿se refiere a nosotros los ciudadanos? ¿Se lo hemos permitido con nuestra pasividad y conformismo?

Sí, a nuestra pasividad, a nuestro conformismo, y sobre todo a nuestro miedo.

Lógicamente la alternativa contraria a la pasividad es la rebeldía. Sabemos que existen chispas revolucionarias pero falta la suficiente masa crítica como para generar una gran revuelta que cambie o mejore el sistema. Además la manipulación mediática hace muy bien su trabajo. Con todo esto... ¿que cree usted que ocurrirá? ¿Se regenerará el neoliberalismo, se destruirá, o brotará un neo-neoliberalismo? ¿El pensamiento crítico tendrá sus frutos reales o solo será un moda intelectual perdida en lo romántico? De verdad... ¿Que le gustaría a usted que pasara?

Nada, no pasará nada. Creo que España ha sido un banco de pruebas durante toda esta crisis económica. Las élite económicas han experimentado con nosotros para saber hasta dónde pueden llegar sin que nos rebelemos. Y han descubierto que pueden llegar donde quieran. Donde quizás sí suceda algo es el llamado Tercer Mundo. La inmigración y sus consecuencias perturba el correcto funcionamiento del sistema. Y no olvido que a lo largo de la historia, cuando ha habido un excedente de habitantes, se ha producido una guerra.

Movimientos opuestos al sistema como Stop Desahucios... ¿que opinión le merecen? ¿Son los últimos rebeldes reales que quedan?

En esos movimientos ciudadanos es donde está ahora la verdadera izquierda.

Llegados a este punto debemos despedirnos, no sin antes agradecerle su generosidad a la hora de concederme la entrevista. No obstante le pediría algo que solicito a todos los entrevistados. Sería la definición de una expresión a la que le tengo mucho cariño. Concretamente esta: La mirada zurda.

La mirada zurda es un intento de ver las cosas desde otra perspectiva.



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               Entrevista: Antonio Guerrero